Asesinato y tortura de Juana Capdevielle

Muchos de los lectores pensarán que tal vez un asunto de estas características no tenga cabida en un blog dedicado a la crónica negra, aunque se trate de uno de los asesinatos más espeluznantes y repugnantes que se recuerdan en la comarca de Terra Chá. Decimos esto porque Juana Capdevielle fue brutalmente asesinada cuando ya se había iniciado el conflicto armado que desangró España durante casi tres años. Sin embargo, esta mujer no había cometido lo que se dieron en llamar «delitos políticos» durante la dictadura. Se le atribuía una cierta militancia republicana, aunque en los archivos del ministerio del Interior jamás constase como afiliada de ninguna formación política de la época. Solamente concurría una circunstancia, que pareció actuar como un agravante en su caso, que era la de parentesco. La ilustre pedagoga madrileña era la esposa del entonces gobernador civil de A Coruña, Francisco Pérez Carballo, quien sería ejecutado a los pocos días de iniciado el levantamiento militar contra la República.

Con el paso de los años se han ido conociendo muchos detalles acerca de la vida de Juana Capdevielle y de la fecunda labor que desarrolló como bibliotecaria y pedagoga durante los tiempos de la Segunda República española. Había sido una aventajada alumna del profesor y filósofo José Ortega y Gasset, al mismo tiempo que había cultivado la amistad de otras mujeres de su tiempo, entre ellas María Zambrano, siendo una personalidad muy reconocida en los ámbitos culturales de su época. Asimismo se caracterizaría por ser una distinguida conferenciante, destacando su discurso en las Jornadas Eugénicas españolas. En ellas disertó sobre un tema que podía resultar candente en aquel entonces, dada la mentalidad de la época. Presentó una interesante conferencia sobre «El amor en el ámbito universitario español».

La mala suerte parece que se cebó especialmente en el matrimonio Pérez-Carballo-Capdevielle, ya que fueron destinados a Coruña pocos meses antes de iniciado el conflicto bélico. Es más, es de sobra conocido que aunque la guerra en si no afectó a Galicia, pensamos que si cualquier muerte violenta nunca está justificada, en este caso muchísimo menos. Tan solo era la cónyuge de un político republicano. Este motivo fue causa suficiente para que sus asesinos se cebasen con una especial saña en contra suya.

Destierro

A los pocos días de iniciada la Guerra Civil, ardiendo el país en fuego por los cuatro costados, Francisco Pérez Carballo fue inmediatamente detenido a los pocos días de iniciarse la sublevación, que en Galicia contó con una mínima resistencia en la localidad pontevedresa de Tui, que fue inmediatamente sofocada por las fuerzas del entonces denominado Ejército nacional. Su marido le había ordenado a Juana que buscase un refugio o un lugar seguro y lo hizo en la coruñesa calle Real, en el domicilio de unos amigos del matrimonio. Sin embargo, la conocida bibliotecaria cometió un grave error al llamar al Gobierno civil interesándose por la suerte de su marido. Los enemigos de este le prometieron ir a buscarla para llevarla junto a él. Esa misma llamada les sirvió para localizarla, con lo que Capdevielle fue también detenida. En esta primera estancia en prisión comenzó el terrible calvario de la gran pedagoga madrileña, ya que fue informada de la ejecución de su esposo. A raíz de esta noticia, Juana sufrió un ataque de nervios que le provocó un aborto, ya que se encontraba embarazada del que iba a ser su primer hijo.

Por orden de una autoridad de la época, se decretó su puesta en libertad, aunque se le prohibía residir en la ciudad herculina. Decidió entonces marcharse al vecino municipio de Culleredo, a la parroquia de Vilalboa, al domicilio del diputado republicano Vitorino Veiga, que había sido un gran amigo de su marido. En todo momento se le ordenó a la joven intelectual estar localizada para lo que le requiriesen las nuevas autoridades gubernativas.

Jamás pudo imaginar la bibliotecaria que le aguardase un final tan horroroso y funesto. Sin saber nunca quien cursó la orden, Juana Capdevielle sería detenida de nuevo la noche del 17 de agosto de 1936 por miembros de la Guardia Civil, quienes se encargarían de vejarla y humillarla hasta límites extremos. Se sabe que fue brutalmente golpeada por los hematomas que presentaba su cadáver en el rostro y en algunas partes de su cuerpo, si bien nunca le fue practicada la autopsia. Estos detalles han podido ser conocidos gracias al testimonio de vecinos de la localidad lucense de Rábade que encontraron su cuerpo tirado, completamente ensangretado en medio de unos abedules, en unas vegas situadas en las inmediaciones de la carretera Nacional sexta a su paso por el mencionado municipio.

Vejaciones

Además de la violencia física y psicológica que ejercieron contra la pedagoga, se supone también que fue violada reiteradamente antes de darle muerte. Incluso durante muchos años se especuló con la posibilidad de que le cortasen los pechos antes de dispararle, si bien este extremo fue desmentido por familiares de la víctima en el transcurso de un curso de verano en torno a su figura que se desarrolló en Lugo en julio del año 2007.

Sea como fuere, lo cierto es que el cuerpo de Juana Capdevielle, que tenía tan solo 33 años, aterró de sobremanera a unas vecinas de Rábade a primeras horas de la mañana de aquel aciago y triste 18 de agosto de 1936, cuando se dirigían a recoger unas ramas de árboles para hacer fuego en las tradicionales lareiras. Por su testimonio, se ha podido deducir que el cadáver estaba muy desfigurado y en nada recordaba a la atractiva belleza natural de la que había gozado en vida la ilustre bibliotecaria. Las mujeres, paradójicamente y dentro de su normal inocencia, pusieron inmediatamente en conocimiento el hallazgo de un cuerpo en un estado lamentable ante las autoridades, entre ellas la propia guardia civil, quien ya seguramente estaría enterada del hecho. Además, años más tarde, manifestarían que tanto las autoridades civiles como militares de la época les habían prohibido comentar nada acerca del macabro hallazgo, advirtiéndoles de las duras consecuencias que ello les podría acarrear.

A pesar de las prohibiciones y la censura que se ejerció, nada impidió que se generase una amplia leyenda en toda la comarca en torno a la figura de aquella bella mujer que había aparecido macabramente asesinada en medio de aquellos árboles. Se llegó a asegurar que en el lugar dónde yació su cuerpo, jamás volvió a crecer la hierba, quedando como un recordatorio de que allí fue encontrada muerta. Otros aseguran que en un humedal próximo se reflejaba su límpido rostro sobre sus aguas claras en noches de luna llena. Seguramente sean leyendas que pasarán a la historia como muchas otras que se han ido creando con el paso de los años en torno a lugares y personas míticas. Ahora bien, lo que no es una leyenda ni tampoco un mito es la ilustre pedagoga y bibliotecaria Juana Capdevielle, cuya muerte representa poco menos que la inmolación de la propia inocencia.

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