El desollador de A Legua Dereita: entre la leyenda y la realidad

Los crímenes constituyen una parte muy importante de la historia de los pueblos. En torno a ellos surgen infinidad de mitos y leyendas que no dejan indiferente a nadie y, mucho menos, a esos lugares que de una manera especial se han visto afectados por una sangrienta tragedia. Pasan décadas e incluso siglos y en la memoria colectiva permanece impregnada la eterna y triste huella que ha marcado de forma muy férrea y escabrosa a los lugareños. Con el paso del tiempo se generan mitos y leyendas, algunas veces un tanto exageradas, que -en otro tiempo- fueron convenientemente adobadas por las distintas fuentes que lo transmitían de unas generaciones a otras, desempeñando en este caso una función trascendental los míticos cantares de ciego. Gracias a ellos, que los iban cantando por ferias y mercados de Galicia, nos han llegado las más inhóspitas historias hasta nuestros días, aunque en muchos de esos relatos, extraordinariamente fabulados, llegue a confundirse lo mítico con lo real.

En sucesos acontecidos en otros tiempos de los que apenas tenemos documentación, jamás llegaremos a saber con exactitud lo que hubo de cierto o falso. Es este el caso que nos ocupa, un crimen que conmovió de una manera muy especial a la comarca de Terra Chá, en un lugar ciertamente inhóspito, al que su escasez de casas y habitantes en todas las épocas lo han ido revistiendo de un cierto halo de misterio y oscurantismo. Es sin duda el hecho sangriento del que más se ha hablado a lo largo de varias generaciones, a pesar de que ya han transcurrido 108 años desde que el famoso Bautista Roca diera muerte muy cerca del lugar de Fonfría, que se encuentra a caballo de los municipios de Vilalba y Begonte, a Ángel Cabarcos. Al misticismo del sitio se le añade también la cercana presencia del no menos legendario castillo de Cal da Loba al lugar donde ocurrió tan tétrico crimen, emplazado en la margen izquierda de la carretera que comunica Lugo con Ferrol, una de las vías más transitadas de la comarca chairega. Es el clásico suceso en el que la ficción ha superado con creces a la realidad y todo el mundo prefiere creerse esa mítica y singular leyenda, que ha sido incluso llevada al cine. Y es que, a pesar de las evidencias que podrían asegurar que demuestran lo contrario, la leyenda ha superado con creces a la cruda realidad.

Como decíamos, el que se haya dibujado como un horrendo y cruel acto sanguinario, tiene su origen en el intento del asesino de despistar a los investigadores. Al parecer, Bautista Roca había asesinado a Ángel Cabarcos de dos disparos de arma corta, cuando este regresaba a su casa un domingo que había acudido a una de las populares ferias de Rábade, antes incluso de que esta pequeña localidad chairega, que parece cabalgar a lomos del eterno Río Miño, fuese reconocida como entidad municipal propia, segregándose así del municipio de Begonte, hecho que ocurriría en 1925. El autor de la muerte de Cabarcos, en un intento de desviar la atención de la justicia, desfiguró el rostro de su víctima, una vez que lo había asesinado, con un aparato de carpintero para hacer zuecas, pues el criminal era zoqueiro de profesión. Estos artesanos se dedicaban a la elaboración del calzado tradicional que a lo largo de muchos años se ha empleado en las extensas áreas rurales de Galicia. Aún, hoy en día, quedan algunos, aunque muy pocos, que todavía elaboran esos ancestrales zapatos que ahora tan solo usa la gente que ya ha alcanzado una determinada edad.

Leyenda del crimen

Decíamos al principio que este es un crimen de leyenda, que ha dejado una profunda huella que se fue adobando a los pocos años de cometerse, tal vez porque las gentes de su época veían en Bautista Roca, oriundo de la parroquia de Ínsua, en el municipio de Vilalba, a una especie de matón, poco dado al trabajo, en tanto que de Ángel Cabarcos, natural de la parroquia de San Cosme de Nete, de la misma demarcación municipal que la anterior, se tuvo siempre la imagen de un hombre bueno, honrado y trabajador, a lo que contribuyó la mitificación que se hizo del suceso sangriento que le costó la vida en un ya muy lejano mes de mayo de 1911. Además, a su verdugo le atribuían otro hecho criminal acontecido unos años antes, aunque nunca se pudo demostrar su participación en el mismo.

A la mañana siguiente del domingo, 14 de mayo de 1911, los viajeros que se desplazaban desde la localidad de Vilalba hacia Lugo pudieron observar el cadáver de un hombre con el rostro espantosamente desfigurado muy cerca del lugar de Fonfría, cuentan las crónicas de la época. Sin embargo, no ofrecen muchos más detalles acerca de la escalofriante contemplación de la que fueron testigos. Con toda seguridad es ahí donde se inicia esa truculenta leyenda que ha llegado hasta nuestros días con mucha más potencia y seguridad que la propia realidad.

Como ya hemos dicho, no queda ninguna duda de la enemistad entre ambos protagonistas de este suceso, pero la imaginación popular la ha llevado hasta límites poco menos que insospechados e inauditos. Se dice que el día de autos venía Ángel Cabarcos de la feria de Rábade con destino a su casa, muy cerca de donde sería asesinado, y que siendo ya medianoche se detuvo en la taberna de un amigo a tomar unos vasos de vinos. Con anterioridad, habían estado en la misma sus presuntos verdugos y que, al calor del alcohol, habían manifestado su intención de matar a Cabarcos. Supuestamente, el propietario de la taberna advirtió a Ángel de los dramáticos y truculentos propósitos de aquellos hombres. Se añade también, según esta leyenda, que el dueño del bar le ofreció un arma de fuego para que pudiese defenderse. Sin embargo, la víctima rechazaría esta posibilidad, aduciendo su corpulencia y envergadura. Cabe informar que este hombre era muy alto para su época, 1,82 metros, prueba de ello era el arcón en el que fue amortajado, que todavía se conservaba en el año 1987.

Los asesinos, a cuyo frente se encontraba Bautista Roca, tenían la intención de arrancarle la piel en vivo, o lo que es lo mismo, desollarlo para luego ser enviada a la madrileña localidad de Humanes, donde serviría para curar el cáncer de piel de una mujer, a quien un curandero de su tiempo le había aconsejado este remedio. La leyenda atribuye la inducción de este crimen a un propietario de unas extensas tierras para quien trabajaba Bautista al mando de un nutrido grupo de hombres cada vez que, entre los meses de mayo y junio, se desplazaban a tierras castellanas a ganar unos suculentos jornales en las épocas de la siega del trigo, que servirían a su vez para paliar las muchas carencias de la época. El inductor, presuntamente, habría recabado datos entre sus criados y jornaleros acerca de las posibles enemistades entre los famosos «gallegos» que cada año viajaban a Castilla. Además, la hipótesis abundaba en que Ángel Cabarcos reunía las características que exigía el curandero. Se trataba de un hombre joven y barbilampiño.

Regresando al relato del legendario crimen, la imaginación popular cuenta que avanzados ya unos hectómetros desde la taberna, Cabarcos se vería sorprendido por cuatro hombres que iban a caballo, pero que debido a su fortaleza habría podido esquivar el primer envite que le habían planteado. La víctima seguiría corriendo campo a través a lo largo de un buen trecho de camino, pero que muy cerca de Fonfría sería alcanzado y derribado por aquellos hombres de funestos propósitos. Ya, con Ángel en el suelo, comenzaría la truculenta operación de arrancarle la piel de la cara antes de que pereciese. Se añade que algunos vecinos de lugares próximos escucharon los horribles gritos del pobre hombre al tiempo que sus verdugos lo desollaban. Dice que se escuchó decir a la víctima algo así como «Bautista mátame, pero no me arranques la piel mientras esté vivo». Además, cuenta también la leyenda de que para cerciorarse de su muerte, los asesinos le pegaron dos tiros con una escopeta de caza, muy habituales en todas las casas del amplio mundo rural gallego de la época.

En la parte magra de un jamón

Sin embargo, la fantástica leyenda no concluye ahí. Cuenta también que la piel extraída del cuerpo de Cabarcos fue enviada a Madrid en el interior de la parte magra de un jamón. A ello se añade que cuando el pellejo llegó a su destino, la enferma ya había fallecido.

En la noche del crimen, se decía que uno de los participantes en aquel macabro sacrificio humano le había dicho a su madre al llegar a casa que habían matado a Ángel Cabarcos. La progenitora se indignó con el joven y este, al sentirse descubierto, huyó con destino a Cuba. Desde tierras americanas enviaría una carta muchos años más tarde autoinculpándose de la barbaridad, librando completamente de culpa a Bautista Roca.

También narra la legendaria historia que otros tres miembros de la cuadrilla fueron a celebrar su brutal hazaña comiendo y bebiendo en una conocida taberna de Vilalba. Allí, otra vez al calor del vino, habrían confesado su participación en el siniestro suceso y que por ahí se iniciaron las indagaciones de la guardia civil.

Bautista Roca sería condenado a 28 años de cárcel, hecho este que si es real y que cumplió casi íntegramente. En la cárcel, añade la leyenda, el asesino aprendería el oficio de tejedor de medias para las mujeres y que se dedicaría el resto de su vida a la confección de las mismas, las cuales vendería por ferias y mercados de la comarca. Para que no decaiga el relato, se comenta que el popular criminal habría manifestado en decenas de ocasiones su arrepentimiento por el hecho de dar muerte a Cabarcos. Llegaría a decir cosas como que «desde que desollé a Ángel, jamás ha vuelto a salir la luz del día para mi». Pero, para que la épica continúe se dice que la suerte de Roca no fue muy distinta de la de su víctima, ya que moriría asesinado en el transcurso de una reyerta acontecida en una de las ferias a las que acudía con regularidad.

La leyenda ahonda en otro hecho exculpatorio a raíz de la confesión que le habría hecho una tercera persona a un sacerdote. Según la misma, ese tercer implicado se habría atribuido también el asesinato de Ángel Cabarcos, exculpando de nuevo a Bautista Roca, del que diría que había ido a la cárcel de forma injusta. El religioso habría informado de este hecho en el transcurso de la misa de funeral del primer aniversario del fallecimiento de este último involucrado y que no lo había denunciado en vida por cumplir con el férreo compromiso de secreto de confesión.

Supersticiones y desgracias

Posteriormente se irían añadiendo nuevos hechos de carácter misterioso y mitológico que provocaban el miedo de los más pequeños y los más sensibles. Se contaba que años mas tarde, en el lugar donde se había producido el crimen, continuaba intacta la sangre de Ángel Cabarcos y que se reproducía tras ser retirada en constantes ocasiones. De esta circunstancia daban cuenta los centenares de peregrinos que cada año, en el último tercio del mes de mayo, se desplazaban hasta el santuario de la Virgen de los Milagros, emplazada en la begontina parroquia de Saavedra. Además, los niños de la zona se negaban a llevar las vacas a pastar a aquel lugar por existir la creencia de que se presentaba un espectro en forma de piel sangrante, al que atribuían que era el espíritu de Cabarcos que clamaba venganza por su horrenda muerte.

Como se puede ver, la leyenda en torno a la misteriosa muerte de un hombre en el bravío lugar de Legua Dereita tampoco está exenta de innumerables contradicciones, tal vez generadas por la transmisión oral del hecho, más propio de un ancestral sacamantecas que de un crimen contemporáneo. Seguramente, esta leyenda tuvo su origen al ver los asistentes al entierro, así como los viajeros del autocar que lo contemplaron, la desfiguración a la que fue sometida el rostro de Ángel Cabarcos. A ello se suma el hecho de que el entorno rural gallego siempre ha sido una tierra muy dada a las supersticiones e historias míticas que se contaban al calor de la lumbre de una antigua lareira o a la luz de un candil de gas o carburo en las prolongadas noches de invierno.

Por si todo este largo rosario de acontecimientos no fuese todavía suficiente, se dice que durante bastantes años la zona donde había acontecido el crimen sufrió un impresionante cúmulo de desgracias. Los nuevos propietarios que ocuparon la casa en la que había vivido el hombre presuntamente desollado, a la muerte de su viuda, vieron como les moría todo el ganado vacuno por causas desconocidas, hecho este por el que también abandonarían aquel hogar. De la misma forma, en la década de los años treinta del siglo pasado, un hombre pereció tras ser alcanzado por un rayo en el transcurso de una tormenta a escasamente medio kilómetro del lugar donde pereció Cabarcos. Como se puede observar, hechos misteriosos no faltan en este truculento crimen. Y es que como vulgarmente se dice cuando los mitos y las leyendas superan a la ficción: «es mentira, pero es bonito».

 

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