Una matanza sin esclarecerse 25 años después

El 30 de abril de 2019 se cumplió un cuarto de siglo de uno de los sucesos más truculentos de la historia reciente de Lugo y su provincia. En la noche de esa jornada del año 1994, sábado para más señas, una mujer Isabel López Rodríguez, en compañía de su marido y otros familiares hallaron el cuerpo sin vida de su hermana Elena, de 32 años, que presentaba sendos balazos en la cabeza y del reponedor Esteban Carballedo, de 25 años, quien también yacía muerto sobre un gran charco de sangre, asesinado también de dos disparos en la misma parte del cuerpo en la nave que la empresa Cash Récord dispone en el Polígono Industrial de O Ceao, en la entrada a la vieja urbe romana por su área norte. El cadáver de la mujer estaba en su despacho, mientras que el del hombre se encontraba en la planta baja, con la televisión encendida. Tal y como se habían producido los hechos todo indicaba a que el móvil del crimen, que conmocionó a toda la provincia de Lugo y el resto de Galicia, había sido el robo.

Los asaltantes, que nunca fueron detenidos, se llevaron un botín de cinco millones de pesetas (30.000 euros actuales). El gerente de la firma en la capital lucense declaraba horas después que no descartaba que los autores del brutal crimen fuesen clientes suyos. Su tesis la corroboraba el hecho de que los empleados asesinados estuviesen en sus puestos de trabajo. Tampoco se conocía el modus operandi de los asaltantes. El suceso ocurrió en torno a las ocho de la tarde de aquel trágico sábado, ya que, unos diez minutos antes, Elena López había llamado a su familia para interesarse por el estado de salud de su suegro.

Vehículo sospechoso

Al coincidir en fin de semana, había una escasísima actividad en el polígono industrial lucense. Prácticamente nadie vio absolutamente nada. Solamente el propietario de unos talleres se percató de la presencia de un automóvil marca Volkswagen Passat que pasaba a una velocidad muy reducida y a bordo del cual iban tres personas. Este testigo declaró también que tuvo la impresión de que aquellos hombres miraban furtivamente hacia todos los lados como intentando asegurarse de que no había presencia de autoridades o terceras personas que los pudiesen avistar. A ello se añade que el coche presentaba unas manchas rojizas, que bien pudiesen ser sangre. Sin embargo, desconociéndose por que causa, la instrucción judicial nunca ordenó la investigación de este vehículo.

El rosario de despropósitos en la investigación se hizo patente desde el primer momento, tal y como declararía un alto responsable policial para quien las pesquisas nacieron viciadas, ya que, en su opinión, falló la investigación ocular. A ello se añade el hecho de que se hubiese perdido documentación. La hermana de Elena, Isabel, empeñada en que se esclareciese el suceso, manifestó que los agentes encargados de recoger todos los datos habían olvidado, en un primer momento, el carrete de la cámara de fotos y, posteriormente, trajeron otro carrete con 24 diapositivas.

Único imputado

En este cuarto de siglo solamente se ha investigado a una persona, un conocido empresario de hostelería lucense, a quien vinculaban con el trapicheo de droga en la zona de vinos de la ciudad de las Murallas. La familia de las víctimas, especialmente Isabel López, está convencida de que ese empresario es el responsable de la muerte de su hermana y del reponedor Esteban Carballedo. Ella misma se quejó muchas veces amargamente de la dejadez judicial que, en su opinión, afectaba a este suceso.

Uno de los testigos, que declaró ante la comisaría de policía, manifestó que ese empresario lugués le había dicho durante su estancia en la prisión de Bonxe que el había sido el autor material del crimen de O Ceao. Además, parece ser que le había propuesto dar un golpe en la nave en la que fueron encontrados muertos los dos empleados y que lo había rechazado. Pero para complicar todavía más las cosas, este testigo falleció a lo largo de estos últimos 25 años. Además, al parecer, el empresario lucense había recibido en reiteradas ocasiones la visita de un inspector de policía durante su estancia en la prisión.

A lo largo del último cuarto de siglo, el suceso que ha mantenido en vilo a la capital lucense no ha hecho más que dar bandazos. En este período de tiempo se cerró tres veces la instrucción judicial y se ha vuelto a abrir. La reapertura del caso se debió a la tenacidad y el coraje de Isabel López, quien se manifestó en huelga de hambre delante de la Audiencia Provincial en el año 2011. Mientras, el abogado de las familias de las víctimas, Gerardo Pardo de Vera no entiende como no se ha tomado declaración a dos guardias civiles, así como al testigo ocular que vio pasar lentamente el coche blanco el día en que ocurrió el suceso.

El último bandazo de este turbio y tenebroso asunto lo ha dado recientemente el juzgado encargado de estudiar el caso. Este último lo ha remitido a la Audiencia Provincial de Lugo para que decida si se prosigue con las investigaciones o se le da carpetazo definitivo. Pese a que ya han transcurrido más de 20 años, Isabel López, a quien se le tomó declaración 18 años después, alberga una tibia esperanza de que el más trágico acontecimiento que se ha vivido en la capital luguesa en el último cuarto de siglo no se cierre en falso.

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