El asesinato del ex futbolista Quinocho

No hay duda que hay personas que se acaban convirtiendo en una institución en cualquiera de las actividades que desempeñen. Tal era el caso de Joaquín Fernández Santomé, popularmente conocido como Quinocho, un gran jugador del Real Club Celta de Vigo, equipo al que dedicó prácticamente por entero su vida. Hasta la perdió defendiendo los intereses del equipo que lo había visto crecer como deportista y como persona. Además, como los grandes héroes, el antiguo jugador vigués, reconvertido en gerente del club de sus amores, murió con las botas puestas en su despacho en el estadio de Balaídos, el mismo en el que había triunfado dos décadas antes siendo componente de la mítica plantilla del «Celta de Marlboro». El conjunto vigués recibió este apodo en los primeros años sesenta debido a las actividades de contrabando de tabaco que presuntamente llevaba a cabo su entonces presidente, Celso Lorenzo Villa, un antiguo aviador del bando republicano, a quien acompañaba en las labores directivas Vicente Otero «Terito», el patriarca del gran clan de contrabandistas gallegos, encargado de trasladar el fecundo negocio del contrabando desde la frontera portuguesa a las Rías Baixas galegas. En aquel entonces, los aficionados se sabían de carrerilla la alineación del combinado celeste: Pistón, Quinocho, Lasheras, Igoa, Marín, Albino, Pintos….

Quinocho, que todavía hoy goza del gran reconocimiento de toda la parroquia «Celtiña», había comenzado a jugar al fútbol en el equipo de su barrio, el Casablanca, que mira mansa y dulcemente desde lo alto de la colina en la que está enclavado a la siempre inigualable y majestuosa Ría de Vigo, mientras en su horizonte se pierde una embarcación que se dirige a la península del Morrazo. Muy pronto, con tan solo 17 años, el entonces entrenador celeste, Yayo, se fijó en él, haciéndole debutar con el primer equipo a tan temprana edad. Cuando llegó el momento de cumplir sus obligaciones patrias con el Ejército se vio obligado a trasladarse a Ferrol, militando en el club de la ciudad departamental, equipo que siempre gozaba de refuerzos muy jóvenes, aprovechando que allí eran destinados muchos futbolistas para cumplir el servicio militar en la Armada. Regresaría a su celestial Vigo a la siguiente temporada, formando parte del Celta durante diez temporadas. Terminaría su carrera en el CD Castellón, jugando dos campañas en la segunda categoría. Suya es la frase «llegué a Castellón llorando y me marché de allí llorando». No era difícil que fuese así, pues era muy fácil encariñarse con una persona tan entrañable como Quinocho.

Quienes despreciaron la humanidad y el don de gentes que desprendía la presencia de Joaquín Fernández Santomé fueron sus asesinos que le asestaron una cuchillada mortal el 20 de septiembre de 1988. En ese momento, en torno a las seis y media de la tarde, Quinocho se encontraba hablando por teléfono con la entonces gerente del Deportivo de A Coruña, Berta Vales, quien manifestaría que su homólogo del Celta le había dicho que tenía que colgar, pues estaban llamando a la puerta.

Antiguo juvenil del Celta

En el momento en que Quinocho fue asesinado lo acompañaban en las dependencias del club dos de las secretarias que se vieron sorprendidas por dos jóvenes de diferente estatura que llevaban el rostro cubierto con sendos pasamontañas, además de portar una pistola y un cuchillo. Los jóvenes buscaban dinero. Se hicieron con una caja, pero querían más por lo que se dirigieron a la oficina dónde se encontraba el gerente, quien para impedir el atraco les lanzó un cenicero a los delincuentes. Sin embargo, esto no hizo sino empeorar las cosas, ya que los muchachos eran rateros inexpertos, y uno de ellos se abalanzó sobre Quinocho propinándole una puñalada en el espacio intercostal de unos cinco centímetros de profundidad que le interesaría el corazón. El que fuera gran jugador celeste tuvo tiempo a decirle a una de sus secretarias que le ayudase, pues le habían dado una puñalada. Lo que menos pensó es que esta fuese mortal. Los autores del atraco eran Antonio Marcote y José Bernárdez. En el exterior de las oficinas les aguardaba Luis Gallego, un joven vigués que había militado en las categorías inferiores del Celta tan solo tres años antes. Quinocho sería trasladado de urgencia a la clínica POVISA, de la ciudad olívica, pero nada se podría hacer ya para salvarle su vida, falleciendo en el trayecto. Los atracadores y asesinos de Quinocho se hicieron con un botín que ascendía a 200.000 pesetas (1.200 euros actuales).

El terrible suceso no solo conmovió a Vigo y a Galicia, sino que también a la sociedad española de entonces. Muy especialmente al mundo del fútbol. Además, las noticias dramáticas no paraban de sucederse en Balaídos. Tan solo tres meses antes, su jugador José Manuel Alvelo había visto truncada su carrera deportiva al sufrir una paraplejia como consecuencia de un desgraciado accidente de tráfico.

Quinocho, que en el momento de perder su vida contaba con solo 55 años de edad, dejaba mujer y una hija adolescente de 15 años. En el Celta lo había sido todo. Además de jugador, había desempeñado su secretaría técnica en los primeros años setenta. Ya, en 1974, el entonces presidente del club Antonio Vázquez le ofreció la gerencia, cargo que ostentaba en el momento de su muerte.

Luto

La muerte de Quinocho fue un golpe muy duro para el fútbol español en general y para el gallego en particular. Se produjeron manifestaciones de duelo en todos los estadios españoles, guardándose en todos ellos un minuto de silencio en memoria del héroe de Balaídos brutalmente asesinado. Asimismo, se suspendería el partido que en la jornada siguiente debía disputar el Celta de Vigo con la Real Sociedad de San Sebastián. Su féretro fue velado en el mismo campo que había sido testigo de su galantería con el balón. En sus instalaciones se darían cita miles de aficionados que rendían así un más que merecido homenaje a una de las más grandes instituciones del celtismo a lo largo de toda su historia.

El día que recibió sepultura, Joaquín Fernández Santomé, fue distinguido con la medalla al mérito deportivo a título póstumo concedida por la Xunta de Galicia. En su sepelio se congregaron millares de personas y todo tipo de autoridades para rendirle el último tributo a quien lo había dado todo por el club al que se consagró en cuerpo y alma. Hasta su vida.

Una semana después de la muerte de Quinocho eran detenidos cuatro jóvenes en Vigo a los que presuntamente se les relacionaba con su asesinato. Se detuvo al cerebro de la operación Luis Gallego, un joven 23 años, nacido en la antigua República Federal Alemana (RFA) y que había militado en las categorías inferiores del Real Club Celta. Los otros dos detenidos eran José Bernárdez y Antonio Marcote, autores materiales de la muerte del gerente céltico. Se detuvo a una cuarta persona, un joven de 29 años, si bien este último no tenía nada que ver con el crimen. Esta persona fue detenida ya que, al parecer, había curado las heridas que le había provocado el cenicero lanzado por Quinocho, en su defensa, a uno de los atracadores. La policía se incautó en el domicilio de los detenidos de una pistola del calibre 38, así como de un cuchillo de monte con el que presuntamente se había asestado la puñalada mortal que le costó la vida al gerente del Real Club Celta.

En la comisaría de policía de Vigo los detenidos reconocerían los hechos que se les imputaban. El autor material de la cuchillada había sido José Bernárdez, un joven de 29 años. En mayo de 1989 este último, junto a Antonio Marcote, sería condenado a 34 años de cárcel, en tanto que Luis Gallego, el que les esperaba en las inmediaciones de Balaídos, recibiría una condena de 17 años de prisión.

Si te ha gustado, estaremos muy agradecidos de que lo compartas en tus redes sociales.

guenos en nuestra página de Facebook cada día con nuevas historias

 

Anuncios

2 comentarios sobre “El asesinato del ex futbolista Quinocho

Deja un comentario