La maldición del trofeo «Jules Rimet»

En el poco más de medio siglo que tuvo de existencia, el trofeo «Jules Rimet» el galardón que se otorgaba al equipo que se proclamaba campeón del mundo de fútbol hasta 1970, tuvo una azarosa existencia. De ella, se ha dicho que se había convertido en una especie de Santo Grial del deporte del balón. Pasó por múltiples manos y fue objeto de codicia hasta por la propia Gestapo, la policía secreta del régimen político nazi que nunca pudo hacerse con ella.

En 1928 tras la decisión definitiva de la FIFA, presidida en aquel entonces por el francés Jules Rimet, de organizar un campeonato del mundo de fútbol, encargó a un artesano galo amigo suyo, Abel Laufleur el diseño del trofeo que se entregaría al campeón del torneo. Este moldeó la alegoría de la victoria de la diosa Nike, lo que la llevaría a ser conocida como Diosa de la Victoria. Las dimensiones del trofeo eran de unos 30 centímetros de altura y un peso aproximado de cuatro kilos y medio. Estaba confeccionada en plata esterlina chapada en oro. Tenía una pequeña base de lapislázuli en la que se irían adhiriendo los nombres de los ganadores de cada torneo. La primera selección que obtuviese el triunfo en tres ocasiones, que fue Brasil en 1970, se haría con el trofeo en propiedad.

Las dos primeras selecciones que inscribirían su nombre en la base del mítico trofeo serían Uruguay e Italia, que se repartían las tres primeras ediciones. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el mundo sufre un colapso al que no es ajeno el mundo del deporte. En ese momento, la Copa del Mundo está en manos italianas al haber ganado, de forma consecutiva las ediciones de 1934 y 1938, por lo que son los encargados de custodiarla hasta la celebración del próximo evento.

Caja de zapatos

Con el inicio de las hostilidades, los nazis están empeñados en hacerse con lo que ellos consideran un valioso tesoro. Se da cuenta de ello el presidente de la Federación Italiana de Fútbol, Ottorino Barassi, quien, al ver que el trofeo se halla en peligro, decide llevarlo a su casa y guardarlo en una caja de zapatos que tenía bajo su cama. Hasta ahora, el trofeo, que todavía no tiene el nombre del presidente de la FIFA, estaba depositado en un banco italiano que se encargaba de custodiarlo. Corría el año 1941 cuando sucedía esta primera epopeya.

El presidente de la federación italiana conseguirá saldar con éxito los sucesivos interrogatorios de miembros de la Gestapo, que estaban muy interesados en hacerse con el trofeo. Sin embargo, Barassi demuestra ser un magnífico custodio del mismo.

Concluida la Segunda Guerra Mundial, en 1946, se decide renombrar la Diosa de la Victoria con el nombre de Jules Rimet, entonces presidente de la FIFA, y principal impulsor del campeonato del mundo de fútbol. El primer torneo en el que lleva ese nombre es en 1950, el Mundial de Brasil, en el que los uruguayos inscribirían por segunda vez su nombre en la base del trofeo. El máximo dirigente del organismo mundial de fútbol la tendrá que entregar casi a escondidas al capitán Obdulio Varela, una vez que se hubiera suspendido la ceremonia de clausura del Mundial, que no dejó de ser más que una señal de duelo por la derrota de Brasil en el último partido que le privaba de un título que, de antemano, todos daban por hecho que ganaría.

En 1958 dos periodistas se percatan que el trofeo ha sufrido algunos cambios. En apariencia parece ligeramente más alto, como unos cinco centímetros, en tanto que su base no es cuadrada como se creía sino que es octogonal. Posteriormente se aclararía que fue cambiada la base debido a que había problemas para inscribir el nombre de los ganadores. En 2015, la FIFA anunciaba que en los sótanos de la organización había aparecido la primitiva base del trofeo, algo similar a una aguja en un pajar. Sin embargo, a muchos les quedó la duda si solamente había sido sustituida su base.

Robo en Inglaterra

El trofeo fue llevado en 1966 a la capital británica con motivo del octavo Campeonato Mundial de fútbol. Sería expuesta en una sala de Westminster Central Hall, como principal objeto de reclamo con el ánimo de realzar una exposición de sellos. La sala donde se encontraba expuesta era propiedad de la Iglesia Metodista que celebraba oficios religiosos en un sábado. Como consecuencia de ello, se relajó la vigilancia y el mítico trofeo desapareció, ante la pasividad de quienes velaban por su seguridad, pues uno de los vigilantes era un guardia de 70 años, mientras sus compañeros se habían ido a tomar café.

La Scotland Yard pasó varios días en la busca del preciado trofeo. Se recibió la llamada anónima de un delincuente de poca monta que solicitaba 15.000 libras esterlinas por el trofeo. Sin embargo, aunque sería detenido, nada tenía que ver con la sustracción de la Copa Jules Rimet. Ante la desesperación por el robo, los británicos encargaron que se hiciese una réplica a un joyero británico, quien la tenía ya preparada para el trofeo. Esta replica sería adquirida por un comprador anónimo que pagó un precio desorbitado en una subasta que ascendía a 250.000 libras esterlinas. Ese comprador resultó ser la misma FIFA, pues sospechaba de que se podía tratar de la auténtica.

Cuando el Reino Unido comenzaba a vivir un drama nacional, un perro que respondía al nombre Pickles empezó a olfatear en medio de una mata de flores de un jardín. Su dueño, al ver el interés demostrado por el can, examinó el lugar y vio algo envuelto en un papel de periódico que resultó ser el trofeo Jules Rimet, devolviéndola a las autoridades británicas. Un empresario dedicado a la alimentación animal decidió costear sus alimentos de por vida, aunque el pobre perro sería presa de la maldición del trofeo, pues perecería ahorcado con su propia cuerda en el año 1967 en su propio jardín mientras perseguía a un gato.

Además de morir el heroico animal, también pagarían con su vida el presidente de la Federación Inglesa de fútbol, que ese año conmemoraba su centenario, Joe Mears, quien fallecería dos semanas antes de comenzar el campeonato. Tres años después también se produciría el óbito de Edward Betchley, único acusado por el robo, a consecuencia de un enfisema, aunque nunca estuvo claro que estuviese implicado en el mismo. En 2015 los servicios secretos de Scotland Yard darían a conocer el nombre del auténtico ladrón, Sidney Cugullere, quien, al parecer no la había sustraído con intención de apoderarse de ella, sino que lo hizo por puro placer. Al parecer, se trataba de un delincuente habitual, muy aficionado a las mujeres y el alcohol, además de ser un hoolligan del Arsenal. Cugullere había fallecido ya en 2005 a la edad de 79 años.

Fundición

La desaparición definitiva del mítico trofeo Jules Rimet en Brasil, su último destino, tras haberla ganado esta selección en 1970 por tercera vez en su historia, lo que le daba derecho a quedársela en propiedad. El trofeo desapareció del banco en la que la Confederación Brasileña de Deportes(CBD) la había depositado. Un empleado de la entidad bancaria contacta con dos conocidos delincuentes brasileños, José Luis Viera y Francisco Rocha, quienes se encargarían de robarla de la sede federativa en el transcurso de una exposición.

Durante muchos años, el destino de la Copa Jules Rimet será un auténtico misterio. Al parecer, los ladrones entregan la copa a un argentino que posee un taller de orfebrería y que se dedica a la compra venta de oro de dudosa procedencia. Según su primera versión, el trofeo fue fundido para hacer lingotes de oro. Más tarde cambiaría de versión diciendo que la había vendido a un coleccionista italiano, si bien esta última explicación siempre estuvo en tela de juicio.

En el verano de 1994 fue detenido el autor intelectual del robo, el gerente de banca, Sergio Pereira, quien se encontraba prófugo de la justicia desde 1988, año en que había sido condenado a nueve años de prisión en rebeldía. El ladrón se ocultaba en el balneario, propiedad de un empresario, a 120 kilómetros de Río de Janeiro. De los cuatro autores del robo, solo Juan Carlos Hernández había ido a la cárcel por la sustracción del preciado trofeo. Otro de ellos siempre consiguió esquivar la acción de la justicia, en tanto que el cuarto había sido asesinado en Río de Janeiro.

Después del largo peregrinar y los avatares que llevó aparejados consigo el trofeo que un día, ya lejano, de finales de los años veinte diseñara en su taller de orfebrería Abel Lauflert, es para preguntarse si estaba maldita o no. De hecho, Brasil, país que se hizo en propiedad con el trofeo al haberlo ganado tres veces, vivió el período más largo de su historia sin hacerse con un título mundial, concretamente el comprendido entre 1970 y 1994, en el que dominaron Alemania, Argentina e Italia el panorama futbolístico planetario. ¿De verdad la Diosa Vitoria llevó la maldición al trofeo Jules Rimet?. Como para preguntárselo más de una vez.

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