Berruezo y Antonio, futbolistas muertos en apenas medio año

Pedro Berruezo jugando con el Sevilla

La temporada 1972-73 será recordada siempre con gran amargura por la afición del mítico conjunto del «Hai que Roelo», aquel equipo que deslumbrara a los aficionados españoles tan solo unos años atrás dando extraordinarias muestras de brío y hombría. Sin embargo, su final no solo sería amargo sino que se le puede calificar de dramático y trágico. Al descenso a los infiernos que representó la Tercera División se sumaron la muerte de dos futbolistas, uno que militaba en las filas granates, Antonio López Martínez y la de Pedro Berruezo Martín, futbolista del Sevilla CF, quien moriría en el estadio de Pasarón el 7 de enero de 1973, cuando todavía flotaba en el ambiente de la ciudad del Lérez el óbito reciente del gran defensa de la etapa gloriosa etapa de su equipo.

Aquella tarde del primer domingo de enero de 1973, el año de la crisis del petróleo, se disputaba en Pasarón el partido correspondiente a la decimoctava jornada de liga correspondiente a la Segunda División española. El estadio de A Boa Vila se encontraba embarrado, algo muy habitual por tratarse de los meses invernales. Ambos equipos eran dos rudos contendientes que pugnaban por reconquistar un glorioso pasado que habían perdido recientemente. Pese a todo, nada hacía presagiar que lo que prometía ser una clásica y divertida tarde de fútbol, de las que ya no quedan, terminase en tragedia.

Al descanso de los primeros 45 minutos el cuadro local vencía por un solitario gol al hispalense, conseguido en el minuto 26 por Vavá. La reanudación prometía ser un choque de trenes como lo había sido el primer tiempo, en la que ambos conjuntos saldrían como toros al terreno de juego en busca de una victoria que incrementase sus opciones de jugar la próxima campaña en la máxima categoría. Sin embargo, ese furor se paralizó de forma repentina cuando apenas se llevaban jugando cinco minutos del segundo tiempo.

Desplomado

Los jugadores de uno y otro equipo se vieron muy sorprendidos al ver que en el minuto 50 de partido se desplomaba Pedro Berruezo, levantando un brazo como si se encontrase mal. El lance se produjo en el instante en el que futbolista hispalense intentaba desmarcarse para recibir un pase, tras un saque de banda que iba a efectuar su compañero Blanco. De inmediato se encendieron todas las alarmas en Pasarón. El médico del cuadro local, el doctor Díaz Lema, saltó la grada para auxiliar al jugador sevillista. Los camilleros de la Cruz Roja lo trasladarían hasta el vestuario, donde el galeno gallego intentó reanimarlo, sin éxito. Para ello le suministró una inyección de coramina, pero el deportista no reaccionó.

Pedro Berruezo sería posteriormente trasladado a la clínica Mayoral de la ciudad del Lérez. Sin embargo, todos los intentos que se hicieron para intentar que recobrase su salud fueron en vano, ya que ingresó cadáver en el centro sanitario. Los jugadores de ambos equipos se enterarían de la muerte de su compañero a la conclusión del encuentro, que terminaría con victoria local por dos goles a cero, aunque el resultado fuese lo de menos. En aquel entonces no era obligatoria por ley la realización de autopsias a las personas que fallecen de forma repentina o sin que aparentemente estén enfermas, por lo que el cuerpo de Berruezo sería trasladado a la capital hispalense en la que le aguardaban 25.000 personas para tributarle la última despedida.

Nunca se supo la causa concreta de la muerte del magnífico futbolista andaluz, que contaba con solo 27 años en el momento de morir, aunque, a diferencia de lo que se sostuvo en un principio, se cree que esta pudo haberle sobrevenido a causa de un infarto cerebral. Pedro Berruezo había sufrido tres desvanecimientos con anterioridad. Uno que había causado cierta sensación entre los aficionados en Alicante, frente al Hércules, que era el más reciente. Otro de ellos había tenido en la Nova Creu Alta frente al Sabadell, además de haberse desvanecido en el estadio de Lasesarre jugando contra el Barakaldo.

Su muerte causó una profunda consternación en el mundo del fútbol español de la época. Era, además, el primer futbolista que fallecía en el rectángulo de juego. El segundo sería, curiosamente, otro jugador del Sevilla, Antonio Puerta, quien moriría el 28 de agosto de 2007 en un partido de liga que disputaba su equipo contra el Getafe. Si bien es cierto que este último abandonó el terreno de juego tras encontrarse mal y sufrir hasta cinco desvanecimientos en los vestuarios.

Viuda embarazada

Pedro Barruezo Martín, que había nacido en Melilla el 25 de mayo de 1945, dejaba a su esposa embarazada de su segundo hijo, pues el matrimonio contaba además con una niña de muy corta edad. En la tarde previa al partido, el futbolista había enviado a su esposa una postal desde la ciudad del Lérez. Antes de jugar en el Sevilla CF, había defendido los colores del CD Málaga, quien lo había traspasado al cuadro de la ciudad hispalense por 4.200.000 pesetas(25.200 euros actuales).

Con el transcurso de los años, su viuda Gloria Bernal, se había visto obligada a demandar al club para que se le concediese una ayuda económica mensual, que ascendía a 15.600 pesetas(91,88 euros) en tanto sus hijos no alcanzasen la mayoría de edad.

El hijo póstumo de Berruezo, Pedro Berruezo Bernal jugaría en el mismo escenario en el que había fallecido su padre el 1 de junio de 2008, en un partido correspondiente a la promoción de ascenso a Segunda División, militando este la AD Ceuta. El jugador sería homenajeado tanto por los componentes de la junta directiva del Pontevedra como por la afición, quien le tributaría sentidos y unánimes aplausos. No era para menos.

Antonio López Martínez

Cuando estaba a punto de concluir la temporada 1971-72, el Pontevedra CF se vería trágicamente sorprendido por vez primera. El 15 de mayo de 1972 su futbolista Antonio López Martínez, de 28 años de edad, fallecería como consecuencia de las heridas sufridas en un accidente de tráfico a la altura de Rande, muy próximo a donde se alza el actual puente sobre la ría de Vigo. Antonio López acompañaba a su compañero, el guardameta granate Antonio Illumbe, que era quien conducía el vehículo marca Austin Morris, tras haber pasado la madrugada en Vigo. La noche anterior habían vencido al Oviedo por dos goles a cero, en partido correspondiente a la trigesimoséptima jornada del Campeonato Nacional de Liga de Segunda División.

El accidente que le costó la vida al jugador granate se produjo a las seis de la madrugada tras derrapar el coche que conducía su compañero Illumbe en una curva y una contracurva en la que supuestamente el conductor las había tomado con exceso de velocidad, no respetando la señal que aconsejaba no circular a una velocidad superior a los 40kms/h.

Algo más de un año más tarde, el portero del Pontevedra sería condenado a pagar una indemnización de 750.000 pesetas(4.500 euros actuales) a los herederos del fallecido por un delito de imprudencia simple con resultado de homicidio. Antonio dejaba viuda y dos niños de muy corta edad, el mayor de tres años y el pequeño de apenas doce meses. Asimismo, se le obligaba a satisfacer algo más de 173.000 pesetas(1.039 euros actuales) en concepto de gastos médico farmacéuticos. De la misma forma, sería condenado a tres meses de arresto mayor y a la privación del carnet de conducir durante un año.

Antonio López Martínez, que era natural de la villa pontevedresa de Marín, había sido uno de los clásicos integrantes del mítico once del «Hai que Roelo» junto a Cholo, Batalla, Irulegui o Martín Esperanza, entre otros. Había iniciado su carrera deportiva en el Algeciras, para luego venir al equipo de su tierra. Posteriormente sería traspasado al Sevilla, quien se lo cedería al Elche. Finalmente recalaría de nuevo en el equipo que le había visto crecer como futbolista, el Pontevedra CF.

Se da la curiosa circunstancia de que ambos futbolistas fallecidos en tan breve lapso de tiempo, ya que poco más de siete meses separan una muerte de la otra, habían sido compañeros en la plantilla del Sevilla CF, equipo en el que había militado Antonio en la temporada 1970-71. Si bien es cierto que el jugador gallego nunca llegó a debutar con el cuadro hispalense en competición oficial, ya que ese año sería cedido al Elche. Casualidades tiene la vida.

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