Dos muertos en un tiroteo entre la Guardia Civil y el maquis

La guerrilla o el maquis, como a ellos les gustaba denominarse, pervivió durante algún tiempo, refugiándose sus miembros en las áreas de montaña o zonas escarpadas donde se hiciese más complicado localizarlos a las autoridades. Su existencia era difícil, por no decir que se podría calificar de calamitosa. Todos ellos habían sido perdedores de la Guerra Civil y tenían, poco menos que imposible, regresar a un mundo y una sociedad que -no solo les había dado la espalda- sino que directamente renegaba de ellos. Aún así, de cuando en vez, protagonizaban alguna acción armada o refriega con los agentes del orden. Pero, desgraciadamente, para ellos, casi siempre se llevaban la peor tarde.

La misión de los guerrilleros, entre los que se encontraban el mítico Foucellas, «O Piloto», Gayoso y muchos otros, era prácticamente un objetivo suicida, ya que poco o nada podían hacer contra un duro estado dictatorial que había dado carta blanca a las fuerzas armadas en su constante persecución. La lucha contra los guerrilleros, a los que desde los organismos oficiales no dudaban en calificar de bandoleros, fue un objetivo prioritario para lo cual se habían engrasado todos los engranajes del estado, siendo la censura de prensa uno de los principales pilares en los que se sustentó esa denodada lucha. Rara vez aparecían en la prensa los resultados de las acciones armadas. Cuando salían siempre se daba cumplida cuenta de las bajas que se había causado a ese enemigo, retratado como un bandido enemigo de la sociedad.

El terreno gallego era propicio para la lucha de guerrillas. Era un mundo básicamente rural, a lo que se unían sus no menos ventajosas condiciones orográficas, en las que se dibujaban abundantes terrenos escarpados y montañosos, muchos de los cuales en aquel entonces contaban con pequeños núcleos de población que contribuían a darles refugio a unos hombres que ya no tenían nada que perder y prácticamente nada que ganar.

En ese contexto en el que se encuentra una sociedad pobre y muy tamizada al terruño en el que vive, tendrá lugar uno de los muchos enfrentamientos entre las fuerzas del orden y un maquis que cada vez se encuentra más desesperado ante la tibia e inesperada respuesta internacional al régimen del General Franco. El escenario de una pequeña batalla será el término municipal de Vimianzo, una localidad próxima a la costa noroccidental gallega, popularmente conocida como Costa da Morte, aunque se halla geográficamente situado en la Terra de Soneira. El suceso aconteció al atardecer del 8 de noviembre de 1946, conocido mundialmente como el Año de la Paz, como anteriormente lo había sido 1919, por ser el primero en el que el planeta estaba libre de un gran conflicto armado que lo había asolado y desolado.

En un bar

Una partida muy exigua de guerrilleros, compuesta por solamente tres hombres, se dirigieron al cuartel de la guardia civil con intención de asaltar el puesto para así hacerse con las armas y municiones que cada vez escaseaban más. Sin embargo, hubieron de desistir de su propósito al encontrar la puerta de las instalaciones de la Benemérita cerradas a cal y canto. Pese a ello, idearon un nuevo plan al percatarse que un agente se encontraba jugando una partida con unos paisanos en un bar situado en los aledaños de la guarnición. Uno de los que se encontraba echando la partida con el miembro de la guardia civil era un guarda forestal, a quien planearon secuestrarlo para así, efectuar un intercambio de este hombre por armas. El encargado del rehén fue el conocido guerrillero Manuel Pazos Mesías, quien pretendió sacarlo del establecimiento a punta de pistola e indicando a quienes se encontraban en su interior que no hiciesen ningún movimiento. En la puerta le aguardaba su compañero Emilio Pérez Vilariño, evitando ser visto por el resto de las personas que se encontraban en el local.

La operación resultó fatal, ya que ninguno de los presentes esperaba una reacción tan iracunda del agente de la guardia civil que se hallaba en el interior. Este último, que se llamaba Manuel Rodríguez Paz, de forma súbita desenfundó su arma reglamentaria y disparó contra el secuestrador que caería tendido en el suelo en medio de un gran charco de sangre, yaciendo en el suelo mortalmente herido. De resultas de este disparo, los compañeros del guerrillero respondieron a los efectuados por el agente del instituto armado, quien resultaría herido de gravedad, falleciendo posteriormente en el Hospital Militar de Santiago de Compostela.

Los dos guerrilleros que consiguieron huir de esta embarazosa y terrible situación lanzarían explosivos contra las instalaciones de la guardia civil de Vimianzo ocasionado desperfectos de diversa consideración en las dependencias del cuartel, pero sin causar daños personales a quienes se encontraban en su interior. Ambos componentes del maquis lograrían huir al monte de nuevo, donde aún se refugiarían durante algún tiempo hasta que fueron detenidos o muertos. Su compañero fallecido sería trasladado al depósito municipal, donde el médico titular le practicó la autopsia. En la chaqueta que portaba en el momento de su muerte se halló la inscripción Agrupación de Guerrilleros de Galicia. Además se le incautó alguna documentación que ayudaría a detener a algunos compañeros suyos, además de algunos vecinos que presuntamente mantenían cierto contacto con los grupos antifranquistas.

Detenciones

Esta acción de los miembros de la guerrilla gallega no les resultó baldía a muchos de los paisanos que, supuestamente, mantenían algún contacto con el maquis. A raíz de la misma se efectuarían diversas detenciones en todo el área de la Costa da Morte de muchos vecinos que colaboraban con el maquis. Algunos de ellos serían sometidos a un consejo de guerra, siendo condenados a varios años de prisión, a lo que se añadía el estigma que recaía para la familia de cualquier preso, y mucho más si en su expediente figuraban cuestiones o asuntos políticos, los cuales eran directamente relacionados con el orden público.

La represión sobre los grupos guerrilleros llegó al extremo que vecinos que estaban señalados por las fuerzas del orden como colaboradores de las agrupaciones de guerrilleros se vieron en la obligación de marcharse de Galicia con destino a tierras americanas. Entre la documentación que se requisó del cadáver de Pazos Mesías, natural del municipio de A Baña, se encontraba un cuaderno en el que había diversas anotaciones que hacían referencia a algunos habitantes de la comarca en la que fue abatido, lo cual serviría para su delación.

En años posteriores, la implacable justicia franquista incoaría hasta un total de 67 causas contra diversos vecinos de la comarca, a resultas de la colaboración que mantenían con las organizaciones guerrilleras. A esto se añade, que en el periodo 1946-1950, se intensificó de forma masiva la persecución contra unos pobres hombres que estaban casi desahuciados del mundo. De hecho, Emilio Pérez Vilariño, el guerrillero que saldría vivo del envite en que falleció Pazos Mesías, moriría en un enfrentamiento armado con agentes de la Guardia Civil en 1951 en el municipio de Curtis.

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