15 muertos en accidentes en Terra Chá en el año 1990

La última década del siglo XX se presentaba como «lo nunca visto». Parecía que se iniciaba el camino hacia un nuevo siglo y un nuevo milenio en lo que todo iba a cambiar de manera formidable y excepcional, en la que los avances tecnológicos iban a desempeñar una función fundamental en un futuro próximo. Nada sería imposible en los siguientes diez años y sucesivos en los que parecía adivinarse un futuro muy prometedor y cargado de venturas. La realidad sería completamente distinta, ya que tras los fuegos de artificio que adornaron el año 1992 llegaría la subsiguiente resaca con una monumental crisis económica que, una vez más, haría temblar los cimientos que se habían construido alrededor de un castillo de naipes.

En aquel entonces, las autovías eran más bien escasas en Galicia y por sus principales núcleos de población seguían atravesando las míticas carreteras nacionales, que absorbían una gran cantidad de tráfico. A veces demasiado. Era muy frecuente que en verano se produjesen infinidad de atascos en puntos conflictivos cuyo destino solían ser las muchas playas y áreas estivales que hay en Galicia. Una de las zona más perjudicadas siempre era la costa lucense, que veía como para llegar a ella había que atravesar angostas y empinadas carreteras a lo que solía añadirse una elevada cifra de vehículos agrícolas, cada vez más numerosos, pese a que todavía no habían desaparecido los de tracción animal, aunque comenzaba a resultar ya pintoresco contemplar al tradicional carro del país cuyo eje seguía entonando aquella dulce y melódica sintonía que se ha convertido en todo un himno de tiempos pasados, hacia los que se mira con cierta nostalgia no exenta de una cándida sonrisa.

En ese mundo en el que lo moderno iba superando con creces a lo antiguo, en el año 1990 se producirían una serie de siniestros que escribieron una página negra en la comarca chairega, tanto por el número de víctimas como por la continuidad que tuvieron. En tan solo seis meses, un total de 15 personas perecerían tanto en las carreteras como en algún que otro accidente laboral, dejando tras de si una impresionante huella de dolor.

En la antigua Volta de Ramil, en el municipio de Begonte, tuvo lugar un desgraciado suceso el 29 de abril de 1990 al producirse una colisión frontal en la que perecerían seis personas como consecuencia de la misma a primeras horas de la mañana de aquella fatídica jornada. El choque entre vehículos se produjo en el momento en el que un automóvil todoterreno, a bordo del cual viajaban dos personas, enfiló con demasiada velocidad la pronunciada curva con dirección a Ferrol. En sentido contrario venía otro coche, de la marca alemana Mercedes Benz y conducido por un taxista de Viveiro. Este último, en el que viajaban cuatro personas, no pudo evitar la colisión con el todoterreno, quien ya estaba fuera de control de su conductor, impactando ambos en la parte más pronunciada de la curva. A consecuencia de este fatal siniestro perecerían todas las personas que en él se vieron involucrados.

Accidente múltiple en Goiriz

Apenas unos meses más tarde, concretamente el 12 de agosto, la parroquia vilalbesa de Goiriz sería escenario de otro impactante siniestro en el que se verían involucrados tres vehículos, en un clásico domingo estival, en el que los vecinos ni siquiera podían cruzar la calzada de un lado a otro debido a la infernal cantidad de tráfico que circulaba por la vieja carretera Nacional N-634. En aquella jornada un Renault-21, conducido por José Valea Pereira, de 55 años, natural de Lugo y que moriría en el acto, impactaría de forma frontolateral contra otros dos coches, uno de los cuales iba en dirección contraria, mientras que el otro llevaba la misma trayectoria que el causante del accidente.

El mencionado vehículo envistió de manera frontal contra un Fiat-1 en el que viajaba una familia que sería la más perjudicada del siniestro, pues perecerían sus cinco ocupantes, entre ellos dos niños de siete y nueve años, además de dos adolescentes. De la misma forma también perdería la vida la conductora de este utilitario Raquel Fernández Limerez, una gallega de 36 años de edad residente en Barcelona. En el siniestro en el que también se vio involucrado un tercer vehículo, un Opel Kadett, cuyos ocupantes resultarían heridos de gravedad, aunque, por fortuna consiguieron salvar sus vidas.

Sin embargo, la nómina de accidentes mortales de aquel aciago año de 1990 no terminaría con la catástrofe de Goiriz. Tendría su seguimiento en aquel trágico mes de agosto en las carreteras de la comarca de Terra Chá. Unos día más tarde fallecería en otro terrible siniestro un joven que iba en motocicleta en la madrugada de uno de los clásicos días de marcha, muy cerca de la instalaciones hoteleras que se levantan en la Avenida de Terra Chá.

Cuando los vecinos de esta concurrida avenida vilalbesa todavía no se habían recuperado del accidente mortal, apenas un mes más tarde, concretamente el 20 de agosto de 1990, un coche atropellaba a una anciana de 76 años frente mismo al conocido hotel que se encuentra instalado en la misma avenida. Al parecer, la mujer cruzó la carretera, muy concurrida de vehículos y sin ninguna medida de seguridad, sin percatarse de la presencia de un automóvil, cuyo impacto le hizo perecer en el acto.

Accidente laboral

Como quien no quiere la cosa, los accidentes de tránsito tuvieron su continuidad en un siniestro laboral a escasos días de haberse producido el último. Este tuvo lugar en la parroquia vilalbesa de San Mamede de Oleiros. Un joven de unos 25 años fallecería al desplomarse parte de la tierra sobre su cuerpo cuando se encontraba haciendo un pozo para abastecerse de agua. La víctima de este siniestro, que era hijo único, había contraído matrimonio hacía muy poco tiempo y dejaba huérfano un niño de apenas unos meses de vida.

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