Un guardia civil de Luarca mata a un cura por celos

En el año 1986 la preciosa localidad del occidente asturiano de Luarca, que se asienta sobre un pequeño entrante del Mar Cantábrico, se vería fuertemente sacudida por un inesperado suceso al que no le faltaba ningún ápice de morbo, salpicado, y sea dicho esto con todas las reservas, con un pequeño condimento de humor negro, más propio del Groucho Marx de sus mejores tiempos, a quien seguramente la realidad terminaría por superar a la ficción.

El suceso ocurrió en el hostal madrileño Veracruz, en la calle de la Victoria en pleno Madrid de los Austrias, el 24 de septiembre de 1986, pero todos los protagonistas de este singular enredo eran asturianos. En la fecha mencionada, el guardia civil Luis del Álamo, presa de una horrible excitación y celos, terminaría con la vida del sacerdote Antidio Fernández Llera disparándole un solo tiro. Sin embargo, la raíz de lo que fue un crimen por celos tenía unas amplias raíces que venían gestándose desde hacía algún tiempo.

Este triángulo sentimental lo cerraba la esposa del guardia civil, destinado en la agrupación de tráfico de Luarca, Constantina Pérez Fernández, quien se había casado con el agente en el año 1965. Fruto de este matrimonio habían nacido las dos hijas de la pareja que contaban con 19 y 16 años de edad respectivamente en el momento de producirse el suceso que conmocionaría al occidente astur en plena década de los ochenta.

Ansiedad

Desde hacía algún tiempo Constantina Pérez sufría problemas de ansiedad y tensión emocional por lo que había acudido a diferentes especialistas. La mujer compaginaba sus tareas domésticas con otras entre las que se encontraba la de ser catequista de la parroquia astur de San Esteban de Barcia, parroquia perteneciente al concejo de Luarca y situada a poco más de dos kilómetros y medio de su localidad. En la época en la que aconteció el suceso, decidió abrir una boutique que contó con el visto bueno de su cónyuge.

En el mes de septiembre de 1986 Constantina se trasladó a Madrid con la finalidad de adquirir ropa para vender en su tienda. Para ello, se alojaría en el hostal Veracruz, en pleno centro histórico de la capital de España. Su marido desde hacía tiempo se encontraba muy molesto por la manera de intimar entre su esposa y el religioso, ya que se veían muy a menudo y el sacerdote la acompañaba a muchos de sus desplazamientos, siendo este uno de ellos.

Debido a la desconfianza que le levantaba el sacerdote, Luis del Álamo, llamó por teléfono desde su casa al local en el que se hospedaba su mujer preguntando por el religioso, haciéndose pasar por un hermano de su esposa. Una vez hecha la comprobación, se desplazó a Madrid portando consigo su arma reglamentaria que, a la postre, sería la que terminaría con la vida del clérigo.

Desnudo

En el día de autos a las ocho y media de la tarde, el guardia civil subió a la habitación en la que se hospedaba su esposa. Para que a la situación no le falte ni un solo ingrediente de intriga, se sorprendió y excitó sobremanera al contemplar a Antidio Fernández Llera desnudo de la cintura para arriba, además de estar con la cremallera del pantalón bajada. Inmediatamente entró en el cuarto en el que estaba su esposa, quién apareció en paños menores, vistiendo únicamente la braga y el sujetador. Ella trató de convencer a su marido de «esto no es lo que parece» y que solamente había entrado en la habitación para conversar, sin que aquello tuviese ninguna naturaleza de carácter sexual.

A raíz de la escena, el guardia civil entró en un grave estado de excitación, definido por la sentencia que le condenaría a dos años de prisión por homicidio como «descontrol de su libre voluntad liberándose en él automatismos de disparos por entrenamiento profesional y que no pudo dominar». Como resultado de esta situación se entablaría un forcejeo entre el sacerdote, Constantina y Luis del Álamo, a consecuencia de lo cual este último efectuaría un disparo sobre el religioso que fallecería prácticamente de manera instantánea.

El suceso causaría una gran conmoción en la villa marinera de Luarca en la que, como otras muchas de su mismo estilo, nada ni nadie remueve la tranquilidad y hasta el tedio en el que se desarrollan gran parte de sus días. Sin embargo, este suceso alteraría su devenir cotidiano como ocurre siempre que acontece un hecho trágico. El sacerdote recibiría sepultura tres días más tarde en el cementerio de la parroquia de Busto, perteneciente al concejo de asturiano de Villaviciosa. El funeral fue oficiado por el entonces obispo auxiliar de Oviedo, José Sánchez.

Condena

En junio de 1987 se celebraría el juicio contra el guardia civil que había dado muerte al párroco de San Esteban de Barcia. Luis del Álamo, el autor del crimen, sería condenado a dos años de cárcel por homicidio. El tribunal estimó la eximente incompleta de enajenación mental transitoria y la atenuante de arrepentimiento espontáneo y descartó que se tratase de un asesinato. De la misma forma, el condenado, que sería puesto en libertad condicional al cumplir mitad de la pena, debería indemnizar con dos millones de pesetas(12.000 euros) a los padres del sacerdote fallecido.

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