Un muerto en los sucesos de Monforte de Lemos en 1979

Fiestas de Monforte de Lemos

En 1979 en España estaba recientemente estrenada la democracia. Se convertía al fin en un estado de derecho después de más de 40 años bajo una cruenta e inhumana dictadura que había dejado tras sí un reguero de odio que seguía manteniendo dividas a muchas familias españolas, en las cuales proseguían manteniéndose viejas rencillas como consecuencia del conflicto que había enfrentado a España a lo largo de tres años hacía ya más de cuatro décadas por aquel entonces.

Pese a que existía un clima de reconciliación y las viejas deudas parecían ya saldadas, todavía existían amplas capas sociales que no querían renunciar ni un ápice a los viejos y caducos privilegios heredados de un injusto y anticuado sistema político. Pero ya no era solo eso. También había quien no solo se resistía a cambiar, sino que incluso se pretendía una vuelta atrás, tal y como sería el caso de la intentona golpista del 23 de febrero de 1981. En Galicia, en concreto, todavía existían grupos a quienes les parecía que gozaban de un eterno derecho de pernada, tratando de imponer al resto sus viejos y anticuados preceptos que no eran, lo que se dice, una vía de progreso.

Dónde más se notaban esos antiguos privilegios era precisamente a nivel local. Allí las clases populares todavía seguían al dictado de antediluvianos caciques, quienes se pretendían perpetuar en sus sillones de terciopelo utilizando el sistema democrático a su antojo. Esas ancestrales fórmulas se manifestaban de muchas maneras y en casi todos los ámbitos de la vida que iban desde el meramente político, pasando por el económico y llegaban hasta el cultural y el lúdico-festivo.

Así ocurrió en las fiestas patronales de Monforte de Lemos que se celebraban en agosto de 1979. La organización de las mismas corría a cargo de una comisión con la que colaboraba el Ayuntamiento de la localidad. En ellas se seguía manteniendo un tradicional baile, considerado y calificado de elitista, en el que era preciso satisfacer el importe de una entrada para poder acceder al mismo. En esa época, los vecinos de la ciudad del Cabe habían recibido la promesa de sus representantes municipales de terminar con esta absurda tradición que no hacía más que dividir a la población entre pobres y ricos.

Carga policial

La promesa hecha en la campaña electoral, ya que el 3 de abril de 1979 se habían celebrado las primeras elecciones municipales democráticas, se convertiría en agua de borrajas al llegar las fiestas patronales. Nada alteró una tradición contra la que se manifestaron los vecinos de Monforte de Lemos aquel mismo año que se concentraron ante la puerta de la pista de la Compañía organizando una fiesta paralela a base pandeiros y gaitas. Al mismo tiempo, muchos jóvenes pretendían saltar la valla que circundaba el recinto fiestero, al igual que se hacía antaño.

Ante estas manifestaciones y al ver que los sucesos le desbordaban, la policía nacional reforzó sus efectivos, con números procedentes de otras comisarías. En la madrugada del 15 de agosto de 1979, los miembros de los cuerpos de orden público invitaron a los manifestantes a disolverse. Sin embargo, sus intimidaciones no dieron el resultado deseado y ello provocaría el pánico entre los congregados. La policía no dudó en emplear cuanto tenía a su alcance para conseguir que los manifestantes abandonasen el lugar. Por un momento, la capital del Val de Lemos se pareció a algunas localidades vascas de la época, ya que se empezaron a ver por el aire botes de humo y pelotas de goma, que estaban empleando los efectivos policiales contra unos indefensos manifestantes.

La tragedia se asomaría por vez primera a las tierras monfortinas en el transcurso de sus celebraciones festivas, ya que las pelotas de goma alcanzarían a algunos de los congregados, provocando heridas de gravedad a varios de ellos, uno de los cuales Emiliano Fernández, que estaba recientemente operado del corazón, fallecería en la Residencia Sanitaria Juan Canalejo de A Coruña días más tarde a raíz del impacto recibido.

Por otra parte, como consecuencia de estos sucesos, un total de nueve policías resultarían contusionados. Además, se efectuarían diversas detenciones de jóvenes involucrados en los altercados que convirtieron por unos días a la ciudad del sur de Lugo en el foco mediático de Galicia en aquel entonces. En días sucesivos se producirían concentraciones de protesta ante la Casa Consistorial y también ante la comisaría de policía de la ciudad del Cabe.

Quién tampoco se libraría de las consecuencias de aquellas protestas fue el primer alcalde elegido democráticamente en la capital de Lemos, Celestino Torres, quien vería como algunas de sus propiedades sufrían las consecuencias de las grescas tumultuarias. Algunos de sus negocios aparecerían con los cristales completamente destrozados.

La protesta obtendría resultados al año siguiente, 1980. En el certamen festivo de ese año el Ayuntamiento decidió suprimir definitivamente los festivales de pago para evitar que se produjesen acontecimientos similares a los ocurridos en la edición anterior. No era para menos.

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