1.476 muertos en el hundimiento del «Castillo de Olite»

«Castillo de Olite», hundido frente a las costas de Cartagena

Fue sin lugar a dudas la mayor tragedia marítima de la historia de España, si bien es cierto que su hundimiento tuvo lugar en tiempos de guerra, siendo uno de los últimos episodios del conflicto fratricida que enfrentó a los españoles entre 1936 y 1939. Se perdieron 1.476 vidas de soldados de marinería, prácticamente todos ellos gallegos, como si de un desatino del destino se tratase, ya que había sido tradicionalmente en el mar dónde más muertes accidentales se habían registrado en Galicia a lo largo de su historia. En esta ocasión perecerían centenares de jóvenes quienes durante el trayecto que les conducía a Cartagena iban cantando alegremente, escuchándose de fondo el alegre son de una gaita porque aquellos muchachos creían que, por fin, la Guerra Civil llegaba a su conclusión. Suponían que su misión no dejaba de ser un mero trámite para ocupar la ciudad portuaria. Sin embargo, no era así. A ellos todavía les quedaba librar una última batalla, la más cruenta y, por supuesto, la más larga.

El «Castillo de Olite» formaba parte de la escuadra en la que se encuadraban otros 20 barcos que se dirigían a Cartagena para ocupar la ciudad, al tener noticias que se había sublevado una guarnición militar contra su gobernador, el coronel Galán, a quien habían retenido y detenido. Pero, un cúmulo de contratiempos incidió muy negativamente para que este buque terminase hundido frente a las costas de la localidad costera murciana. El navío en cuestión había sido requisado por la fuerzas del general Franco a su paso por el Estrecho de Gibraltar a la Unión Soviética cuando transportaba carbón en 1938 por parte de las autoridades franquistas.

Los contrariedades se iniciaron ya desde la partida del barco, en el puerto de Castellón. Lo hizo con un día de retraso respecto al resto de la flota que se dirigía a efectuar esta misión de guerra, a lo que se sumaba su lentitud. Pero las adversidades no terminaban ahí, ya que el buque viajaba con la radio averiada, por lo que carecía de comunicación con el resto de la Armada, siendo este el factor clave de la tragedia. Los otros barcos tenían ya noticias que la rebelión en Cartagena había sido sofocada, en tanto el «Castillo de Olite» carecía de esos datos, lo que hizo que se presentase en solitario frente a las costas cartageneras.

Cañonazo en la santabárbara

Era el 7 de marzo de 1939 la fecha en que se produjo la gran tragedia que provocaría la muerte de ese casi millar y medio de marinos, casi todos ellos gallegos, como si de una trágica y cruel ironía del destino se tratase. A media mañana se encontraban los soldados a bordo del buque y escucharon los primeros escarceos por parte de las baterías republicanas que defendían la ciudad. Se suceden el reiterado lanzamiento de algunas granadas, que levantan enormes montañas de espuma. Posteriormente, se escucha otro cañonazo que pasa muy cerca del barco. Todo ello genera el lógico desconcierto, precipitación y alarma entre quienes van a bordo del buque, que cambia de dirección girando a la izquierda a toda velocidad para tratar de ponerse a salvo de los cañonazos. La confusión entre quienes se encuentran a bordo del «Castillo de Olite» es tal que piensan que esos disparos podrían ser «fuego amigo», es decir que están en la creencia que los defensores de la ciudad naval son en realidad los sublevados que se han apoderado ya de la misma y que tal vez les hayan confundido con un buque de guerra republicano.

Durante un período de un cuarto de hora se hace la calma entre los soldados, creyendo que lo peor ya había pasado. Pero no era así. En esta ocasión desde las temibles baterías Wikers, empleadas por los defensores de la ciudad, un cañonazo impactará en la sántabarbara del buque, la bodega dónde se almacenan los explosivos y el material de guerra, provocando que se hunda en apenas un cuarto de hora. A raíz de este tercer cañonazo el desconcierto generado entre aquellos militares es absoluto. Comienzan a verse ya los primeros muertos a consecuencia del impacto. En la cubierta del barco se crea una especie de Torre de Babel humana, con gritos, alaridos y maldiciones por la nefasta suerte que han tenido. Los marineros se tiran al agua, ya sea desnudos, vestidos e incluso heridos. Lo que verdaderamente les importa es escapar de aquel infierno en que se ha convertido la embarcación. El barco se hundirá bajo un calado de 24 metros de profundidad, frente a la isla de Escombreras.

A causa de la precipitación, algunos soldados tratan de alcanzar algunas lanchas de salvamento, pero caen unos arriba de otros, mientras que algunos de los que se tiran al agua son devorados por las hélices del barco, tal cual fuese una trituradora, que todavía continúan en funcionamiento. En cuestión de muy poco tiempo se pueden ya contemplar en las aguas de Cartagena centenares de cadáveres de marinos flotando que iban a bordo del buque siniestrado, dejando tras de si un dantesco panorama. Solo algunos alcanzan la costa, pero son los menos. Quienes habían zozobrado y tratan de salvar sus vidas asiéndose a los restos del buque que quedan a flote mueren a consecuencia de los disparos que les efectúan los milicianos cartageneros que defienden la ciudad. La fallida operación, que ha resultado un desastre, se salda con la muerte de 1.476 personas, 342 resultarán heridos, mientras que los restantes 295 serán detenidos por el enemigo.

En opinión de uno de los soldados que pudo salir airoso de aquella catástrofe humana, Enrique Jaspe Leira, ya fallecido, quien declaraba a FARO DE VIGO en su edición del 4 de marzo de 2014, que lo que provocó la magnitud de aquella tragedia fue la munición que se almacenaba en su bodega, así como la explosión de la caldera, a la que al entrarle agua en su interior terminaría reventando y partiendo el barco en dos mitades. De la misma forma, se destaca la labor humanitaria de los marineros de la zona, quienes socorrerían a muchos soldados que habían sobrevivido al naufragio del «Castillo de Olite». A su vez, serían también los encargados de rescatar muchos de los cadáveres que escupía la mar, principalmente en la madrugada del 8 de marzo de 1939.

Bandera recuperada

Como detalle anecdótico, cabe destacar que el Gobierno decidió en el año 1995 instalar una refinería de petróleo en la Bahía de Escombreras. Cuando se construía el puerto petrolero, se observó que los restos del navío hundido en los días finales de la Guerra Civil impedía la entrada de los buques, por lo que se optó por desmontar sus mástiles. Para sorpresa de los buzos que descendieron hasta el pecio, la bandera de combate permanecía asida al mástil, siendo recuperada y enviada al Museo Militar de A Coruña.

El hundimiento del «Castillo de Olite» fue una de las tragedias de la Guerra Civil que más afectó a Galicia, pues más de un millar de fallecidos eran originarios de esta tierra. Entre los fallecidos había marinos de Ferrol, Lugo, Santiago, Vigo, Vilalba, Pontevedra y muchas otras localidades gallegas, que sintieron muy profundamente una inesperada nota luctuosa cuando aquella tenebrosa guerra estaba a punto de expirar. Lo haría tan solo 24 días después del trágico naufragio. Para aquellos soldados que se hicieron a la mar cantando y juergueando, pensando que la misión a la que iban destinados era un mero trámite que concluiría con la rendición incondicional de la guarnición de Cartagena, el conflicto se alargó eternamente.

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