«Toribio», el último bandolero o el primer antihéroe

Mamed Casanova, «Toribio»

Es difícil escribir sobre un hombre sobre el que se han vertido ríos de tinta, principalmente en los primeros años del siglo XX, en el que la prensa lo dibujaba como un siniestro y cruel personaje, capaz de cometer cualquier atrocidad, por sacrílega que fuese. Sus andanzas serían descritas por el mismísimo Ramón María del Valle Inclán en diversos artículos periodísticos de la época. Su personalidad no ha sido estudiada todo lo que requiriese un personaje de sus características. Algunos lo pintan como un bandolero romántico similar al célebre Luis Candelas o Juan Mingolla «Pasos Largos», pero dista mucho de ambos, dado que su actividad criminal fue completamente distinta y con objetivos radicalmente opuestos.

Mamed Casanova nació el 15 de febrero de 1882 en la pequeña aldea de Grañas do Sor, en el municipio coruñés de Mañón, muy cerca de la ría de O Barqueiro y Estaca de Bares, limítrofe en el litoral norte con la provincia de Lugo. Se sabe que fue hijo natural de María Casanova, quien sería su madre soltera. Su paternidad se le atribuye a un miembro de la familia de los Balseiros, con antepasados muy turbulentos, conocidos con el sobrenombre de «Los Cazurros», uno de los cuales moriría ahorcado en Ferrol.

Su primer apodo fue «O Rego», que pronto se cambiaría por el de «Toribio» con el que alcanzaría una dimensión prácticamente universal. En su infancia se crío con su madre y una hermana, empezando a trabajar muy pronto en la forja del maestro herrero Julio Rey, quien lo despediría cuando se percató del futuro que albergaba Mamed Casanova. Su esposa sería una de sus primeras víctimas, ya que le sustrajo un par de pendientes de plata, motivo este que provocó el despido de su primer empleo. Posteriormente, montaría su propio taller, pero con escaso éxito, ya que pronto cerraría las puertas.

Ratero

La carrera delictiva de Mamed Casanova se inició muy pronto, cuando apenas contaba quince años de edad. Además de robar en la forja en la que trabajaba, en diciembre de 1897 entraría en la vivienda deshabitada de un vecino suyo para apoderarse de 13 botellas de aguardiente. Fue el primer acto delictivo de una larga carrera que prometía, y nunca mejor dicho. A partir de este instante se hará amigo inseparable de José María Rego, conocido con el sobrenombre de Fondón, con el que perpetrará infinidad de pequeños robos por los que irá pasando en sucesivas ocasiones por distintos correccionales de la época, mientras que su amigo ingresará en prisión. Toribio es menor de edad, razón por la que no va a la cárcel.

Además de ser ya un consumado ratero y experto en todas las artes del robo, Mamed Casanova destacará por su especial fuerza física, pues en uno de los típicos bailes que se celebraban en aquella época mantendrá un enfrentamiento con un conocido matón, al que proporcionará una impresionante tunda a golpes y patadas. De la misma forma, también será objeto de su incontenida ira un albañil que le reprende por su actitud violenta, quien sufriría el resto de su vida una importante minusvalía a consecuencia de las lesiones que le provocó el ya popular Toribio.

Será a partir de esas acometidas que efectúa en los múltiples altercados e incidentes de los que es protagonista principal de donde le provenga el sobrenombre por el que pasará a la historia. Dice de él el sacerdote e historiador gallego Enrique Chao Espina(1908-1989) que poseía una fuerza casi hercúlea, logrando romper en alguna ocasión las esposas y grilletes con los que se sujetaban sus manos, aspecto este del que también informa la prensa de su tiempo. A todo eso se añadía su agilidad, más propia de un deportista que de un vulgar ratero, a lo que habría que sumar su gallardía y valentía, muchas veces rayana con la más absoluta de las temeridades.

Las galas del difunto

Una de las aventuras protagonizadas por el célebre delincuente gallego serviría de inspiración para una conocidísima obra teatral del no menos célebre dramaturgo gallego, Ramón María del Valle Inclán. Por aquel entonces, a comienzos del pasado siglo, era muy frecuente que los gallegos viajasen a tierras americanas en busca de esa preciada fortuna que les negaba la tierra que los había visto nacer. Uno de ellos, Fernando López, era un rico indiano que había regresado de La Habana, falleciendo mientras disfrutaba de algún tiempo en su tierra natal. El emigrante fue enterrado con un lujoso traje de cachemira de Cuba, así como también luciendo un anillo de oro, además de disponer ya de una dentadura elaborada con el mismo metal. Enterado el famoso delincuente de todas estas circunstancias, no se ruborizó lo más mínimo en dirigirse una noche al cementerio de Grañas do Sor para cometer un sacrílego acto profanando la tumba en la que había recibido sepultura el infortunado indiano. Se apoderó del traje que lucía, así como también de su anillo. No contentó con eso, también extrajo algunos dientes de oro de la boca del cadáver.

La magnánima fechoría sería descubierta al presentarse Toribio en un baile luciendo de forma ostentosa el traje que había sustraído del cementerio, así como el anillo que llevaba el desaparecido emigrante. A raíz de este hecho, Mamed Casanova daría por vez primera con sus huesos en la cárcel siendo condenado a seis meses de arresto mayor y hacer frente a una multa de 60 pesetas, una elevada cantidad para la época en la que el dinero era un bien muy escaso.

El crimen de Grañas do Sor

Uno de los hechos más funestos en la biografía de este singular personaje fue sin lugar a dudas el asalto en el que participó a la casa rectoral de su parroquia natal, Grañas do Sor. En aquel entonces uno de los principales objetivos de las bandas de ladrones y rateros solían ser las viviendas destinadas a los sacerdotes, quienes tenían fama de poseer grandes patrimonios, así como importantes cantidades de dinero en efectivo. Hacia su casa se dirige la banda que lidera el ínclito Toribio el 24 de noviembre del año 1900 que la integran cinco hombres entre los que se encuentran otro conocido delincuente de la época, Lorenzo Balseiro y otro que es conocido por su apellido, Piñeiro.

En su asalto obtendrán un considerable botín, nada más y nada menos que 2.000 pesetas, toda una fortuna para aquel tiempo. Sin embargo, sus malos cálculos les obligaron a dejar una víctima mortal en el camino, Manuela Domínguez, la criada que trabajaba en la casa del sacerdote, quien moriría a consecuencia de un disparo de escopeta. Mientras, el religioso consigue escapar. La muerte de la mujer vino motivada para evitar posibles testigos de su asalto, pero estaban equivocados. Detrás de unas tablas se había escondido el hijo de la criada, un niño de apenas nueve o diez años de edad, quien iba a ser la persona clave para resolver este crimen y acusar posteriormente a Mamed Casanova de ser el responsable directo de la muerte de Manuela, circunstancia que hoy en día es puesta en tela de juicio por muchos estudiosos de la vida de Toribio.

Debido a que han sido divisados por un testigo que ellos no han sido capaces de localizar, de inmediato comienza la búsqueda de los autores del brutal crimen que conmociona a toda la comarca. En un primer momento se detiene a Lorenzo Balseiro y a José Secundino Pedre, mientras que Mamed Casanova resistirá en diversas ocasiones las embestidas de la guardia civil, con la que mantendrá distintos tiroteos, en uno de los cuales hiere de cierta gravedad a un agente. Es ahí dónde se inicia su mítica leyenda, que no duda en calificarle de ser un magnífico tirador, además de lograr escabullirse de cuantas batidas se hacen contra él. Sin embargo, algunos meses más tarde, un miembro de la benemérita logra herirle de un certero disparo que le impide proseguir su marcha, siendo detenido y encarcelado en Ortigueira.

En la cárcel demostrará de nuevo sus habilidades escurridizas, logrando huir de la misma el 30 de agosto de 1902. Primero engatusa con un engaño a un funcionario apellidado Dopico a quien le propina un fuerte golpe con un hierro de un camastro que le deja inconsciente. Pero su aventura no termina ahí. A la salida de la prisión se enfrenta con el guardia de la misma, Sebastián Muíño a quien derriba propinándole también un fuerte golpe en la cabeza. Estos hechos no hacen más que agrandar su magnánima leyenda.

Sobrevivirá durante algún tiempo, ocultándose en los montes y montañas gallegas, así como en el extenso rural en el que cuenta con una importante red de colaboradores, algunos de ellos a consecuencia del temor que infundía Toribio, otros por la simpatía que les despertaba. Durante este período efectúa una serie de pequeños robos, mientras se desarrolla el juicio contra los miembros de su banda. Al menos, esos hurtos son atribuidos a Mamed Casanova, aunque algunos de ellos es dudosa su autoría.

Captura definitiva y juicio

Para capturar a Toribio hubo que recurrir a algún ardid con cierta picaresca, dado lo escurridizo que era. Mamed Casanova solía mantener buenas relaciones con los curas rurales gallegos de la época, que eran todas unas autoridades. Uno de estos sacerdotes con los que gozaba de una excelente amistad era el párroco de O Freixo, parroquia perteneciente al municipio coruñés de As Pontes, muy próximo al área de actuación del célebre forajido. El religioso Antonio Prieto Poupariña, que había nacido en la localidad lucense de Vilalba, le invitó a comer a su casa el 14 de enero de 1903 con la condición de que ambos estuviesen desarmados. Así fue. Con lo que no contaba Toribio es que esa invitación estaba envenenada, pues una sobrina del párroco avisó a los agentes de la guardia civil de la presencia de Mamed Casanova en la rectoral. Uno se acercó por sorpresa con una escopeta en la mano y disparó a quemarropa sobre el célebre delincuente gallego, ocasionándole una herida de gravedad, que a punto está de costarle la vida. Su imagen, en unas parihuelas mientras es conducido a un centro sanitario en el que estará fuertemente custodiado dará la vuelta a España y no solo eso. Pues Toribio será portada de algunos medios de comunicación extranjeros, alguno de los cuales llega a compararlo con un célebre forajido mafioso italiano, por su capacidad para esquivar los envites a los que lo había sometido la guardia civil.

Al recuperarse es enviado de nuevo a prisión. Para reducirle en sus constantes acometidas, es custodiado por un conocido carcelero gallego de la época Hilario Rico, un hombre robusto y de complexión fuerte, que se las verá y deseará para enfrentarse a un siempre combativo Mamed Casanova, quien ni en sus peores momentos dará nunca el brazo a torcer, pese a que hay siempre agentes de la guardia civil cerca de él, con la orden expresa de dispararle si intenta la huida.

El juicio en su contra, además de otros pendientes, entre los que se encuentra uno relativo a su fuga de prisión se inician el 15 de diciembre de 1903. Mamed Casanova se enfrenta a muchos cargos, pero el más importante de todos es el de asesinato, ya que se le acusa de ser el autor material de Manuela Domínguez. En esta ocasión, ya de nada le valdrá su valentía y hombría demostrada años atrás en sus envites con las fuerzas del orden. La Audiencia Provincial de A Coruña lo sentenciará a pena de muerte el 22 de diciembre de 1903, que será ratificada posteriormente por el Tribunal Supremo. Cuando todo parecía que el famoso forajido gallego iba a terminar con sus huesos en el garrote vil, su madre conseguiría lo que parecía inevitable. Durante una visita del rey Alfonso XIII a La Coruña, se postraría de rodillas ante el monarca suplicando clemencia para su hijo. Ante esta conmovedora escena, el entonces Jefe del Estado se apiadó de su progenitora y accedió al indulto, siendo sustituida la pena capital por la de reclusión perpetua.

Cárcel y final

Como no podía ser de otra manera, en la cárcel Mamed Casanova se convertirá en un importante activista que reclama mejores condiciones para los presos y condenados, siendo protagonista de diversos incidentes y motines. En su estancia en prisión será diagnosticado de una curiosa patología queromanía, que es una dolencia caracterizada, al parecer, por poseer una excesiva alegría. Además, en ella, a diferencia de lo que se ha sostenido muchas veces de forma errónea, dará talla de una importante capacidad intelectual, al demostrar grandes conocimientos sobre geografía, historia y matemáticas.

En 1911 solicitará a través de una carta una entrevista con el capitán general de la zona Marítima del Cantábrico, con base en Ferrol, en la que quería darle cuenta de su proyecto para hacer mejores cañones para la Armada. Como es obvio, nadie le hizo caso, pues se suponía que Toribio tenía ya sus facultades mentales demasiado alteradas. En aquel entonces se encontraba cumpliendo su pena en el castillo de San Antón, en la ciudad herculina.

No hay un acuerdo unánime relativo a su abandono definitivo de la cárcel. Algunos autores, entre ellos el periodista coruñés Juan Naya, quien señala que Mamed Casanova abandonaría definitivamente la prisión en el año 1926, en tanto que otros lo sitúan en 1931, coincidiendo con la proclamación de la IIª República española. Sea como fuere, lo cierto es que el mito de Toribio había iniciado ya su declive definitivo y en nada recordaba al célebre delincuente de los primeros años de la última centuria del segundo milenio.

Poco o muy poco se sabe de los últimos años de su vida. Se sabe que regresó a su aldea natal, Grañas do Sor, pero ya jamás volvería a retomar sus antiguos pasos. También se sabe que era frecuente verlo por A Coruña mendigando, con un aspecto complemente deshilachado y con un caminar torpe y renqueante, dando la sensación de ser un personaje huraño y huidizo. Tampoco se conoce con total certeza la fecha de su fallecimiento, aunque se sitúa en la década de los años cuarenta del pasado siglo. Algunos indican que su deceso se produjo en 1942, en tanto que otros lo sitúan en 1946, en una época en la que se había convertido en un costroso y demacrado anciano a quien ya nadie reconocía ni recordaba aquellas lejanas andanzas que habían puesto en jaque a las autoridades del amanecido siglo XX.

 

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