55 alemanes muertos en un U-Boot al norte de Cabo Ortegal

Un U-Boot alemán en la Ría de Vigo

En el año 1943 el mundo asistía al gran cambio que en aquel entonces estaba suponiendo el viraje de los acontecimientos en la IIª Guerra Mundial. Los alemanes comenzaban a perder el conflicto que ellos mismos habían desatado cuatro años antes con la invasión de Polonia. El régimen franquista había mostrado una exquisita afinidad con los germanos en su descerebrado afán expansionista y belicoso por todo el continente europeo, aunque ahora, conscientes más que nunca de que la derrota alemana se atisbaba como poco menos que inminente, también había realizado un viraje radical en sus relaciones con los aliados. Al sistema español de la época ya no le importaba esa cercanía ideológica con quienes le habían ayudado a ganar la Guerra Civil sino que aspiraba, tan solo, a su supervivencia, pese a que los españoles de la época se las veían y deseaban para sobrevivir un día tras otro.

De todos es sabido la postura española en el conflicto mundial, que pasó de no beligerante a neutral, aunque la población sufriese muy duramente las consecuencias de lo que acontecía en el panorama internacional. Galicia era un lugar que consideraban estratégicos ambos bandos contendientes, tanto por su situación geográfica como por las muchas millas de costa de las que dispone el territorio gallego. Tanto era así que en sus panfletos y proclamas los aliados instaban a los pescadores gallegos a que no saliesen de sus aguas territoriales por las consecuencias que de ello se pudiesen derivar. Esa advertencia no estaba solamente destinada a salvaguardar la integridad física de los barcos y pescadores gallegos sino que en ella, implícitamente, se les estaba sugiriendo que no abasteciesen de pescado a los muchos submarinos alemanes que merodeaban por la Península Ibérica, lo que estaba siendo un secreto a voces.

Los submarinos alemanes se adentraban desde las aguas rodeando Portugal hasta llegar al Estrecho de Gibraltar para impedir el paso de embarcaciones aliadas. En esas operaciones perderían muchos de sus efectivos de guerra, debido a que la Armada británica había localizado la posición de muchos de los sumergibles germanos. Se estima que hasta 12 submarinos germanos fueron hundidos en aguas gallegas, en tanto que las pérdidas humanas se elevarían, según algunas estimaciones, a 1.400 hombres. Uno de los hechos más dramáticos ocurrió el 3 de julio de 1943 cuando un avión Wellington, perteneciente al 172 escuadrón de bombarderos de la RAF británica soltaba lastre aprovechando que un lobo gris alemán, un U-126, uno de los más asesinos, había salido a la superficie para tomar aire de madrugada, al norte del cabo Ortegal. El submarino alemán quedaría sepultado en el mismo lugar que había emergido pereciendo la totalidad de su tripulación, formada por 55 hombres.

Hermetismo total

Los puertos de Vigo y Ferrol eran las bases idóneas para el repostaje de los sumergibles germanos, además de ser el lugar indicado para sus reparaciones y también para el descanso de las respectivas tripulaciones que los conformaban. De este aspecto, estaban completamente al tanto los mandos aliados, quienes non se cansaban de advertir de las consecuencias que podría traer la colaboración española con la Kriegsmarine. Sin embargo, sus llamadas al orden no eran escuchadas por el régimen totalitario español. Igualmente, este tampoco informaba a la población a través de los medios de comunicación de la situación de la guerra, siendo la destrucción del U-126 en aguas gallegas uno de los ejemplos más significativos. No se publicaba ni siquiera una escueta nota informando del suceso. Es más, todavía se alardeaba con la más que previsible victoria germana, dando cuenta de algunos bulos emitidos por los propios alemanes.

Los U-Boots habían demostrado ser muy letales en el tiempo que se llevaba de guerra. Solo en la campaña del año 1940 habían hundido mercantes británicos que transportaban más de siete millones y medio de toneladas, además de costarle la vida a más de 30.000 soldados de la Royal Navy. En 1943 los británicos cambiarán de estrategia al conocer la actividad de los sumergibles alemanes que bloqueaban el Estrecho y patrullaban las costas africanas hundiendo todo barco que estuviese a su alcance.

Respecto a la colaboración que hacían los pescadores gallegos, no está comprobado que esta fuese voluntaria o si se trataba del pillaje que hacían los alemanes. Hay algún caso documentado en que los submarinos salen a la superficie encañonando a los patrones de pesca y sus hombres para que les entreguen la práctica totalidad del pescado que habían capturado.

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