15 muertos en el accidente ferroviario de Rande

El año 1976 estaba siendo muy distinto a lo que habían sido los ejercicios anteriores en la España de la época. El fallecimiento del dictador había traído consigo unos aires de cambio que no dejaban indiferente a nadie. Se avecinaba la inmediata llegada de un Estado democrático que dejaría atrás aquella sempiterna e inmovilista dictadura que habían tenido a maltraer a los españoles a lo largo de 40 años. Nada iba a ser como antaño. En las Cortes Generales se estaba debatiendo el proyecto de ley para la Reforma política, en tanto que el terrorismo, principalmente de ETA, intentaba socavar los cimientos del futuro en democracia y libertad.

Pese a los prometedores avances que se anunciaban, la sociedad gallega de la época, al menos la más oriental, seguía anclada en su más pura tradición y sus tiempos más pretéritos, al menos en las formas. El campo, aunque ya había tractores, apenas se había experimentado innovación alguna de relieve y todavía continuaba escuchándose la ancestral sinfonía del carro del país en el que su eixo ponía aún una clásica nota histórica por sus caminos y corredoiras.

En materia de transporte, Galicia nunca había estado en la vanguardia del Estado español. En los primeros tiempos de la Transición democrática ni que decir tiene que todavía diversos grupos ecologistas y de la izquierda radical trataban de boicotear la Autovía del Atlántico, la única autopista que había en todo el noroeste peninsular y de la que tan solo disfrutaba el área más avanzada de la tierra gallega en aquel entonces, que, como ahora, siguen siendo las Rías Baixas.

Es precisamente en el suroeste gallego donde el ferrocarril estaba relativamente bien en relación al resto del territorio, por el que todavía traqueteaban ancestrales convoyes que parecían no conducir a ningún destino. Mientras, las comunicaciones entre Vigo, A Coruña y Santiago eran relativamente eficientes, con un gran número de viajeros que, diariamente, se desplazaban de unos lugares a otros gracias a una red de trenes regionales que comunicaban el área occidental gallega. Será uno de esos trenes que hacía el recorrido diario entre Vigo y la futura capital de Galicia el que vaya a sufrir un tremendo accidente en la tarde del 9 de septiembre de 1976, falleciendo 15 personas y resultando heridas de consideración hasta un total de 30.

Colisión violenta

El siniestro se produjo al colisionar el convoy de viajeros procedente de Santiago con una locomotora, sin que ninguno de los dos fuese advertido por los semáforos de la vía de la presencia uno del otro. El tren, en el que viajaban 120 personas, había salido instantes antes de la estación de Chapela empotrándose frontalmente contra la locomotora procedente de la factoría de Guixar, en Vigo. Como consecuencia del brutal impacto, un impresionante estruendo que se sintió en toda la Ría de Vigo, el vagón correo y otro de viajeros saltaron literalmente de la vía, precipitándose por un desnivel de 50 metros. Uno de ellos caería sobre un relleno de una factoría pesquera que la empresa Vieirasa estaba construyendo.

Las personas que perdieron la vida fueron los maquinistas de ambas locomotoras, así como los que se precipitaron por el mencionado despeñadero. En su caída este vagón también provocaría la muerte de dos obreros que estaban trabajando en las obras de Vieirasa. Entre los fallecidos se encontraba un bebé de tan solo siete meses. Un tercer vagón se montaría encima de la locomotora del convoy.

Inmediatamente después de haber acontecido el siniestro, se congregó en el lugar un gran número de personas que solicitaban información sobre sus familiares y amigos. A las consabidas escenas de dolor que se producen en estos casos, se sumaba el impactante y dantesco horror que se vivió instantes después al contemplar algunos cuerpos mutilados que habían quedado esparcidos por un amplio radio próximo al lugar del accidente.

Las causas del accidente siguen sin estar claras más de 40 años después. Al parecer el siniestro se produjo debido a la falta de coordinación en el cambio de agujas por parte del guardia encargado, quien, al parecer, no había comunicado telefónicamente que la vía principal entre Chapela y Redondela quedaba ocupaba por una locomotora que había salido de Guixar, la estación ferroviaria de Vigo, y que abandonaría en Rande la vía de los trenes para seguir luego en dirección a Ourense. Nunca estuvo claro que este fuese el auténtico motivo de este trágico episodio ferroviario, el más grande de los que han ocurrido en Galicia hasta que en 2013 se produjo el de Angrois. Esa fue la explicación oficial, que atribuyó el siniestro a un error humano, algo muy típico en la Administración española que, cuando sucede un hecho desgraciado de estas características, suele lavarse las manos como Pilatos.

 

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