Estrangula a un niño de dos años en Cee

Vista de Cee

A comienzos del año 1986 España estrenaba entrada en las Comunidades Europeas. Se respiraba un ambiente de cierta euforia en el que no se daba tregua alguna a la desconfianza ni al reto que ello suponía. El ingreso en el entonces Mercado Común Europeo parecía una tierra prometida en la que nada sería imposible y dónde todos los sueños se harían realidad, tan solo por el mero hecho de acceder al selecto club europeo que, en aquella época, estaba limitado a tan solo una docena de países. Años más tarde llegarían algunos quebraderos de cabeza, no por culpa de Europa precisamente, aunque estrechamente vinculados a nuestra entrada en aquella organización supranacional en torno a la cual se acabaría vertebrando lo que muchos dieron en llamar la «vieja Europa», aunque fuera de ella no hay vida y es justo reconocerlo en un tiempo que muchos han puesto en duda los beneficios de su existencia, principalmente los más radicales.

Como si de una broma del destino se tratase, existe un pueblo en la Costa da Morte gallega que respondía a las antiguas iniciales de la Unión Europea, llamada por aquel entonces Comunidad Económica Europea (CEE), siendo muchas las gracias que hacían sus habitantes con este más que curioso topónimo. Sin embargo, en la memoria de sus vecinos seguramente se recuerden amargamente aquellos días en los que todo eran felicitaciones y parabienes por una feliz entrada en las Comunidades Europeas. Este precioso municipio costero saltaría a los medios de comunicación, además de por su pintoresco topónimo, por un suceso que teñiría de luto las Navidades de 1985 y los primeros días de 1986. Por esas fechas, el joven de 19 años Angel Rey Pequeño asesinaba al niño de dos años Jorge Gesto Mato, al que -de forma macabra- estrangulaba en ausencia de sus padres.

Obsesionado con su madre

Al parecer Angel Rey Pequeño se encontraba obsesionado con la madre de quien sería su víctima de la que, según declaró a la policía, se encontraba profundamente enamorado. En la madrugada del penúltimo día del año, 30 de diciembre de 1985, aprovechando la ausencia de los padres de la criatura que, al parecer, habían salido de casa para realizar su macabro plan. En un primer momento intentó ahogar al crío, pero, según su versión, no lo consiguió por lo que procedió a estrangularlo fríamente. Una vez que lo hubo asesinado procedió a depositar su cadáver, completamente desnudo, en una fosa.

El criminal, que se encontraba a tratamiento psiquiátrico, le contaría posteriormente a su madre lo sucedido. Esta última, que al parecer no daba crédito a lo que le contaba su hijo, alertaría inmediatamente a la guardia civil. El joven sería detenido horas más tarde en la vecina localidad de Corcubión, distante poco menos de cinco kilómetros del lugar dónde había perpetrado su espantoso infanticidio.

Las causas del crimen parecían estar motivadas por un brutal ataque de celos y locura, tal como lo definía la prensa de la época, en relación con la madre de la criatura con la que el criminal estaba obsesionado de manera compulsiva. Pocas horas después sería ingresado en la prisión provincial de A Coruña, a donde había llegado procedente del depósito de Corcubión en el que había estado detenido.

Para que al asunto no le faltase el pertinente ingrediente añadido de morbo, Angel Rey Pequeño manifestaría que se veía muchas veces con la madre del niño, aprovechando las largas ausencias de su padre, que era marinero, aunque este extremo jamás pudo ser corroborado.

El suceso provocaría una gran consternación, no solo en la localidad de curioso topónimo, Cee, sino también en toda Galicia que daba su bienvenida al Año Nuevo y al ingreso en las Comunidades Europeas vestida de un luto riguroso por la muerte de una criatura provocada por la irracionalidad de un individuo que empañó espantosamente aquellas Navidades que, fueron de todo, menos felices y blancas.

 

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