Siete muertos en el rally de A Coruña

El deporte es uno de los grandes atractivos de entretenimiento que presentan las sociedades contemporáneas. En torno al mismo se han generado infinidad de mitos y hasta alguna que otra leyenda. Algunas de ellas, negras. Sin embargo, a pesar de muchos contrastes negativos, nadie pone en duda la magnífica labor que desempeña el deporte en distintos ámbitos de la vida, que van desde la contribución a la mejora de su calidad hasta la reinserción de algunos individuos que se daban por irrecuperables, pasando para quienes solo constituye un mero y divertido entretenimiento.

Desde que hace más de siglo y cuarto se iniciaran las primeras actividades deportivas en Galicia, su evolución no ha cesado ni un solo instante desde entonces, adaptándose a las distintas tecnologías y medios propios de cada época. Uno de los campos en los que ha ido ganando miles de adeptos en los últimos decenios ha sido el del motor, siendo muchos los aficionados que se dan cita en las distintas competiciones deportivas, ya sean la ya histórica Fórmula-1, el motociclismo o los rallys, a los que se ha generado una consolidada afición en Galicia, favorecido todo ello por la infinidad de vías rurales y vericuetos a través de los cuales se le da una vistosidad impresionante a las piruetas que reflejan la colorida gama de vehículos que se dejan ver en cualquier competición.

Fue en el rally de A Coruña, en su edición de 2015, la que dejó el peor rostro e imagen de un divertido deporte que empañaría de sangre lo que prometía ser un divertido y alegre fin de semana. En la tarde noche del sábado, 5 de septiembre, un total de siete personas perderían la vida tras una salida de vía de uno de los pilotos, que arrollaría a otros muchos espectadores de los cuales, alrededor de 20, precisarían asistencia sanitaria.

Zona restringida

En el momento en el que se produjo el fatal accidente, un numeroso grupo de espectadores se encontraba presenciando el rally en una zona que no parecía revestir peligro, aunque finalmente se convirtiese en su trágica sepultura.

El accidente se produjo a las siete y media de la tarde tras salirse de la vía el coche pilotado por Sergio Tabeayo, a quien acompañaba de copiloto Luis Prego. El vehículo había enfilado una curva en la parroquia de Santo Estevo de Paleo, perteneciente al término municipal de Carral, derrapando en la salida de la misma para, posteriormente, arrollar a un gran número de espectadores que se encontraban presenciando el espectáculo. Inmediatamente después de producirse el trágico siniestro la confusión y el desconcierto se apoderó de los centenares de aficionados que presenciaban la carrera. Al coche le faltaba tan solo un kilómetro para llegar a la línea de meta. Los aficionados fueron quienes primero socorrieron a las víctimas, registrándose las lógicas escenas de dolor. De la misma forma, agentes de la Guardia Civil sometieron al piloto al control de alcoholemia, resultando este negativo.

Al igual que ocurre en todas las tragedias en las que se registra un elevado número de víctimas, también aquí se dieron esas trágicas escenas en las que se frustran vidas con un esplendoroso porvenir. Tal era el caso de una joven pareja, que para colmo de males ella se encontraba embarazada de nueve meses. Se trataba dos vecinos de la localidad de Cambre, Ana Cayazzo y Miguel Caridad Pereiro. Además, ella salía de cuentas al día siguiente de producirse el trágico siniestro que les costaría la vida. En este mismo siniestro también pereció el aficionado al automovilismo Marcos Prego. Su hijo tuvo más suerte y, aunque resultó herido de gravedad, consiguió salir con vida del desgraciado percance.

En este trágico suceso las mujeres se llevaron la peor parte, ya que otras tres féminas fallecerían a consecuencia del mismo. Las otras tres víctimas fueron Sandra Ares Rumbo y su hija adolescente Aroa Manteiga Ares. También falleció a consecuencia del mismo siniestro Laura Dubra, mientras que su hermano Sergio resultaría herido de gravedad.

Colapso

Como consecuencia del fatal accidente se produjo un colapso en la Carretera Nacional N-550 registrándose retenciones de varios kilómetros, lo que dificultaría el traslado de los heridos a los distintos centros sanitarios hasta el extremo que una de las ambulancias se retrasó en casi media hora para evacuar a los heridos. Del mismo modo, también registraría un considerable retraso la presencia de la autoridad judicial para poder efectuar el levantamiento de cadáveres.

Como no podía ser de otra forma, el desgraciado acontecimiento generó una impresionante ola de consternación en toda Galicia, dónde aún escocía dolorosamente la tragedia de Angrois, que algo más de dos años antes se había cobrado la vida de más de 80 personas en lo que fue el peor accidente ferroviario de la historia contemporánea.

Un año más tarde, Sergio Tabeayo, el infortunado piloto, no había vuelto a pisar las pistas de la competición. Solamente acompañó a su amigo, Iván Ares, al rally de O Cocido, en Lalín, como piloto. Su actitud es comprensible y no es para menos.

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