Violación y asesinato de una menor en Ourense

Río Barbaña, dónde apareció asesinada Sonia Abellas

En los últimos años de la década de los ochenta del pasado siglo Ourense era una capital de provincia que se había consolidado como la tercera ciudad gallega de la época, merced a que muchos habitantes de la provincia elegían a la vieja Auria para residir en vez de desplazarse a miles de kilómetros como lo habían hecho sus ancestros que formarían grandes colonias en distintos países americanos desde comienzos del siglo XX hasta mediada esa centuria. Más recientemente, sus destinos predilectos habían sido Venezuela, en América, y los siempre pujantes y florecientes países europeos en los que se gozaba de un extraordinario bienestar.

La ciudad, siempre muy acogedora y muy cuidada, se vería repentinamente sorprendida por un fatal suceso en la tarde noche del domingo, 7 de febrero de 1988, al aparecer brutalmente asesinada Sonia Abellas, una adolescente de 16 años en la desembocadura del río Barbaña, un afluente del Miño. La joven presentaba evidentes signos de haber sufrido una agresión sexual, que posteriormente serían corroborados por los exámenes realizados por los forenses. Su muerte había sido también muy cruel, ya que la muchacha fue estrangulada por una cadena que llevaba al cuello.

El hallazgo del cuerpo sin vida de Sonia Abellas consternaría a la vieja urbe que tan bien retrató en sus novelas el gran escritor gallego Eduardo Blanco Amor. Una ola de dolor, consternación y rabia se apoderó de una ciudad que repentinamente veía alterada su tradicional tranquilidad por un hecho violento que para nada respondía al siempre pacífico y dócil carácter de su vecindario.

Detención

Cuatro días más tarde del crimen era detenido un joven de 23 años, Luciano Expósito Borrajo, como presunto autor del asesinato de la joven estudiante. El asesino, que estaba separado de su mujer y era padre de un niño, ya había sido condenado tres años antes como autor de una agresión sexual. En un primer momento, negará cualquier relación con el crimen, pero hay varios testigos que habían visto al supuesto criminal merodeando por el lugar dónde se produjo el crimen. Mientras, los vecinos de su municipio natal, Coles, no acaban de creerse que Luciano Expósito haya dado muerte a Sonia Abellas. Los comentarios que más se oyen esos días es que tal vez sea drogadicto e incluso ladrón, pero jamás asesino. A todo ello se suma el hecho que en la misma tarde de autos, se había visto involucrado en un accidente de tráfico en A Lobeira. A partir de ahí, los investigadores comenzarían a atar todos los cabos que condujeron a su definitiva detención.

El sepelio de la joven orensana congregaría a una gran multitud de personas en la parroquia de O Couto, que querían tributar una digna despedida a una joven que había sufrido una muerte terrible. Días más tarde, la ciudad sería escenario de una magnánima manifestación contra la violencia y en apoyo de la familia de la víctima en la que se exigía la máxima condena posible para el autor de su muerte.

Condena

Luciano Expósito Borrajo sería condenado a un total de 41 años de cárcel, 27 de los cuales habían sido impuestos por el crimen que había cometido, mientras que la restante condena obedecía al haber consumado un delito de violación. De la misma forma, se le obligaba a indemnizar con ocho millones de pesetas (48.000 euros actuales) a la familia de Sonia Abellas.

En su auto el juez consideraba probado que el autor de la muerte de la joven, a quien no conocía previamente Luciano Expósito pese a que le acompañó voluntariamente hasta las inmediaciones del Barbaña, que al negarse ella a mantener relaciones sexuales este procedió violentamente contra Sonia Abellas para estrangularla con una cuerda o similar.

En 2003 Luciano Expósito quedaría en libertad tras cumplir poco más de 15 años por el crimen que consternaría a Ourense. En su estancia en la prisión de Pereiro de Aguiar, de la que se convirtió en su recluso más veterano, se negó siempre a someterse a cualquier programa de rehabilitación o recuperación. Es más, jamás mostraría arrepentimiento alguno por el crimen que le costó la vida a Sonia Abellas.

El asesino de la joven orensana volvería a las instalaciones carcelarias en el año 2009 tras ser detenido conduciendo un vehículo bajo los efectos del alcohol. Años antes había quedado cojo a consecuencia de un accidente de tráfico. Un año mas tarde intentaría rehacer su vida en la localidad de Muntián, en el municipio orensano de Cartelle, trabajando en un aserradero. Sin embargo, sería encontrado muerto en la casa en la que residía en la jornada del 24 de marzo de 2010, tan solo seis después de haber recobrado la libertad.

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