Asesina al amante de su esposa en Santiago de Compostela

La Transición democrática, con sus idas y venidas, fue sin lugar a dudas muy pacífica y ejemplar, principalmente en Galicia. En aquel año 1977, el primero de la democracia, se sucedían las manifestaciones a lo largo y ancho del país gallegos reclamando un estatuto de autonomía, que había sido abruptamente interrumpido a consecuencia de la Guerra Civil. Pese a que todavía era un territorio eminentemente rural, había una juventud que tomaba a tomar conciencia de país y que ya no quería tener un pasado tan turbio como el que habían sufrido sus ancestros, emigrando en un primer momento a América y, muy recientemente en aquel entonces, a los países de la pujante Europa.

Pese a existir un cierto grado de desarrollo humano del que se había carecido en el pasado, Galicia sigue siendo una tierra infelizmente atrasada. Se transitaba por los mismos caminos y corredoiras que había un siglo. Solamente existía un tramo de autovía, que era la conocido como «Autopista del Atlántico», que se localizaba en las Rías Baixas. El resto del territorio seguía transitando por aquellos interminables y pedregosos caminos que parecían condenar eternamente sobre su peregrinar al tradicional carro del país tirado por una yunta de vacas que, junto a aquellas entrañables mujeres que ataban un pano a su cabeza, continuaba siendo el icono de un país que se resistía a progresar.

Aunque era un territorio eminentemente conservador tanto en el fondo como en las formas, a veces sucedían algunos episodios que en nada se correspondían con esa forma de ser. O, mejor dicho, si se correspondían eran duramente censuradas cuando no reprimidas. Así le sucedería a un taxista compostelano, Manuel Galán Durán, de 50 años, que sería víctima de lo que entonces se denominaba «crimen pasional» al ser asesinado por Justo López Méndez, un antiguo miembro de la Legión, en la tarde del 24 de octubre de 1977, cuando se encontraba haciendo labores de carpintería en los bajos de una vivienda de su propiedad en el área rural compostelano, momento en el que fue sorprendido por su agresor.

Con una garlopa

Entre el vecindario y amigos de Justo López era casi un clamor que su esposa, Rosa Prado, mantenía relaciones con un conocido taxista compostelano. La mujer, de 36 años, era 30 años más joven que su marido, quien ya contaba con 66 en el momento de producirse el trágico suceso. Se habían casado hacía unos 20 años por aquel entonces, cuando la mujer era todavía una adolescente, en tanto que su marido era ya un hombre de una cierta edad. El matrimonio tenía dos hijos. La paternidad de uno de sus vástagos era atribuida a Manuel Galán, el taxista con quien supuestamente mantenía unas indiscretas relaciones Rosa Prado.

El agresor, que era de suponer que fuese un hombre fornido por su pasado en el temeroso cuerpo de la Legión, conocía de forma pormenorizada todos los detalles de la vida de su víctima. Un buen día, por la tarde, se dirigió al lugar en el que se encontraba trabajando el taxista, sorprendiéndolo de forma traicionera sin que su víctima pudiese defenderse del inesperado ataque utilizando para ello una garlopa que el taxista tenía en su bajo, con la cual golpearía a Manuel en la cabeza, dejándole momentáneamente sin sentido. Además, Justo López se había provisto a su vez de un cuchillo de monte de grandes dimensiones, con el que le asestaría tres certeras puñaladas que serían suficientes para terminar con la vida del presunto amante de su esposa.

Ante el barullo que se había montado y que alertó al vecindario, los residentes en las viviendas próximas se presentaron en el local que disponía el taxista para hacer algunos trabajos manuales. Al percatarse del trágico suceso que había acontecido, llamaron a las asistencias sanitarias para que socorriesen a ambos hombres, pues el antiguo legionario también presentaba algunas heridas. Sin embargo, nada pudieron hacer los sanitarios por salvar la vida de Manuel Galán, quien ingresaría ya cadáver en el antiguo Hospital Xeral de Galicia, mientras que su agresor, que presentaba algunas heridas, fue atendido en el aludido centro hospitalario.

Condena

Unos meses más tarde se celebró el juicio por un crimen que había conmovido circunstancialmente a todo el área de Compostela. Al autor confeso del crimen, Justo López se le tuvieron en cuenta las atenuantes de enajenación mental transitoria incompleta, motivada por los celos que experimentaba hacia su víctima. Justo López sería condenado por homicidio a diez años de cárcel, así como a satisfacer una cuantiosa indemnización de algo más de un millón de pesetas a la esposa e hijos de Manuel Galán, quien, en el momento de producirse el trágico suceso que le costó la vida, se encontraba casado y mantenía una relación paralela a la que mantenía con la mujer del antiguo legionario.

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