Carnavales sangrientos en Vigo

El año 1994 quizás haya pasado a la historia por ser el más sangriento de la historia reciente de la ciudad de Vigo, convertida ya por aquel entonces en la urbe más grande de Galicia y en la que residían alrededor de 300.000 almas. A todo ello se unía la explosión demográfica de la Península del Morrazo, muy próxima a la ciudad olívica, que ya superaba los 100.000 habitantes y otros que se encontraban en zonas aledañas, tal como es el caso de Ponteareas, Mos, O Porriño y Redondela que estaban experimentando un más que notable crecimiento en plena década de los noventa.

Todo ello fue el caldo de cultivo perfecto para que en sus largas noches de marcha, en la que se reunían millares de jóvenes de todo la contorna de las Rías Bajas, se diesen cita todo tipo de personas, muy especialmente en fechas que están señaladas en el calendario como muy festivas, tal es el caso de las Navidades y los Carnavales. Fue precisamente en el transcurso de esta celebración cuando se produjeron dos horribles crímenes que consternarían de sobremanera a toda Galicia, quien todavía no se había recuperado de la fatal matanza de Nigrán, acontecida apenas quince días antes.

En la madrugada del martes de Entroido, 15 de febrero de 1994, morirían dos jóvenes en circunstancias muy confusas y que le llevaría su tiempo aclarar a los investigadores. En un callejón próximo al número 21 de la calle San Francisco fue hallado el cadáver del mozo Ramón Villar Gabín, de 33 años de edad, que presentaba varias heridas de bala en la cabeza. El fallecido era un viejo conocido de la policía pues había sido detenido en diversas ocasiones por atraco y se le relacionaba con el tráfico de drogas.

Discusión

Al parecer, según el relato del último testigo que lo vio con vida, Ramón Villar y este último habían mantenido una acalorada discusión alrededor de las diez de la noche del lunes, circunstancia esta que molestaría de sobremanera a los inquilinos de uno de los edificios próximos al lugar donde estaban manteniendo en enfrentamiento. Uno de los vecinos de un inmueble probablemente habría bajado con un arma en la mano y, sin mediar palabra, habría disparado contra su víctima, huyendo posteriormente del lugar de autos. De la misma forma, este testigo también abandonaría el sitio en el que estaba la víctima tendida para buscar a un amigo de ambos que se encontraba en un bar de copas de la zona. Sorprendentemente, cuando se dirigían al lugar en el que supuestamente se encontraba el cadáver de Villar Gabín, su cuerpo ya no estaba allí, por lo que decidieron poner el hecho en conocimiento de la Policía.

Más tarde, los agentes en compañía de los dos jóvenes encontrarían el cuerpo de Ramón Villar en las inmediaciones del callejón de San Francisco. Sin embargo, según la versión de los miembros del cuerpo policial y también de algunos vecinos de la zona, los disparos se habrían producido en torno a las cuatro y media de la madrugada del martes, tras haber tenido lugar un altercado proseguido de una reyerta. La policía practicaría diversas detenciones en jornadas sucesivas de personas que se encontraban relacionadas a los bajos fondos y al trapicheo de drogas de la ciudad olívica.

Seis puñaladas

Pero no sería Ramón Villar la única víctima mortal en aquella madrugada de martes de carnaval en Vigo. Otro joven de 21 años, Victor Manuel Visval Bugarín perecería tras recibir seis puñaladas en un barrio de la zona vieja. Al parecer, este último había salido disfrazado a disfrutar de la noche viguesa, cuando cayó mortalmente herido en las inmediaciones de la Cruz Roja. Allí, una enfermera salió del dispensario con la intención de atender al herido, pero ante la gravedad que presentaban las múltiples heridas fue trasladado inmediatamente al Hospital Xeral Illas Cíes de la ciudad olívica en el que fallecería.

La sangre no cejaría de correr en aquella trágica madrugada viguesa, ya que en la calle Eduardo Chao, un joven conocido como «O fillo do cego» agrediría con un arma blanca a otro hombre de 37 años, propinándole un total de siete puñaladas e ingresando en estado muy grave en la residencia sanitaria de la ciudad.

El capítulo de sucesos de aquella desgraciada noche lo cerraría otro muchacho que también fue acuchillado en la misma madrugada, recibiendo un total de cuatro puñaladas de las que fue atendido en el mismo centro sanitario que los anteriores, si bien es cierto que este último sería dado de alta pocas horas después de su ingreso hospitalario.

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