El asesinato de «El Federal»

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Casa de Marracú, uno de los asesinos de «El Federal»

En el primer tercio del siglo XX una de las expresiones que más se escuchaba en Galicia era la de «este vaise», «aquel vaise», «o outro xa marchou» en alusión a los miles de gallegos que cada año atravesaban el Océano Atlántico con rumbo a tierras americanas. El noroeste peninsular era una tierra no solo dejada de la mano de Dios, sino también del mismo hombre. Pobreza, miseria y Galicia eran sinónimos perfectamente sincronizados. Ahora se añadía el de emigración para poder huir de un destino infernal al que millares de gallegos parecían estar condenados desde el momento mismo en que habían sido concebidos. Pocas cosas eran noticia en un territorio en el que la extrema pobreza iba unida a muchas carencias, algunas de las cuales -como era el caso de la educación- pretendían paliar aquellos otros que supuestamente estaban triunfando allende los mares, gracias a cuyos capitales se crearían centenares de escuelas en edificios que imitaban los retorneados estilos arquitectónicos de las islas caribeñas.

En aquella humilde tierra, en la que lo más novedoso eran las muchas misivas que procedían de tierras americanas, también a veces se producía algún acontecimiento que, más que salir de su ancestral y cotidiana rutina, les alteraba la convivencia de forma brusca y abrupta. Así ocurrió en los primeros meses del año 1919. Por aquel entonces, desaparecería en Ourense un conocido empresario del rastro madrileño José Delgado Guzmán, popularmente conocido como «El Federal», cuando en teoría había venido a Galicia a adquirir maquinaria vieja de una azucarera emplazada en la localidad de Padrón, muy próxima a Santiago de Compostela. La alerta sobre su ausencia la daría su hijo Andrés Delgado, quien se extrañó mucho de carecer de noticias sobre su progenitor en los primeros días de febrero de 1919, conocido mundialmente como el «Año de la Paz», al ser el primero en un lustro en el que no se escuchaban ni el repicar de fusiles ni tampoco de los cañones.

El prestigioso empresario madrileño habría recibido una oferta de negocio por parte de un individuo que decía llamarse José  López Carro, que era gallego para la supuesta adquisición de ese material, aunque le exigía una comisión por participar en el falso negocio. La propuesta no desagradó al comerciante quien, una vez conocidas algunas de las condiciones, concertó un viaje a Galicia. Algunas circunstancias de última hora provocarían una variación en la fecha del desplazamiento. Estaba previsto para el 19 de enero de 1919, aunque se demoraría un par de días en hacerlo en compañía del energúmeno que le había propuesto el negocio que le acabaría costando la vida. En la estación del Norte es visto por última vez por uno de sus hijos, quien apenas quince días más tarde denunciará su desaparición forzada ante una comisaría de policía de Madrid.

Desaparición de «El Federal»

A mediados de febrero de 1919 la prensa gallega y madrileña se hacen eco de la desaparición del conocido comerciante del rastro madrileño. A todo ello se suma la denuncia interpuesta por su hijo Andrés, quien asegura en todo momento que su padre se ha dirigido a la localidad de Padrón, por lo que se traslada hasta Santiago de Compostela para entrevistarse con el jefe de la brigada de investigación criminal. Se desatan las primeras especulaciones, que ya apuntan que detrás de su desaparición podría encontrarse un funesto acontecimiento sangriento.

Las primeras pistas sobre su hipotético paradero situaban a José Delgado Guzmán en la capital ourensana, un destino que no coincide con el itinerario previsto por el popular comerciante, por lo que ya se comienzan a hacer muchas conjeturas e indagaciones. Se sabe que «El Federal», que viajaba impecablemente vestido», llevaba consigo una importante cantidad de dinero en efectivo, pues era muy habitual que pagase sus compras al contado, por lo que ya se comienza a especular que su ausencia pueda obedecer a un hecho delictivo, tal y como terminaría ocurriendo. Por la declaración de un interventor de las líneas de los ferrocarriles, quien lo reconoció por las fotografías que de él se han facilitado en la prensa, se sabe que el comerciante madrileño realizó un cambio en su itinerario en la estación de Monforte de Lemos, dónde tomó un tren con destino a la Ciudad de las Burgas.

Las investigaciones dan un vuelco cuando el hijo de José Delgado y el jefe de la Brigada de Investigación Criminal se entrevistan con el propietario de la empresa azucarera de Padrón, quien se sorprende al informarle de los propósitos del comerciante madrileño, a lo que añade que no ha estado nunca en su propósito ni tampoco en su mente la hipotética posibilidad de la venta de maquinaria alguna y que por sus instalaciones no se pasó «El Federal» ni tampoco ese individuo que se ha identificado como José López Carro, con quien se había entrevistado el negociante del rastro madrileño.

Aparición del cadáver de «El Federal»

El 13 de marzo se despejan todas las incógnitas con la aparición del cuerpo sin vida de José Delgado Guzmán, cuyo cuerpo aparece semidesnudo y en avanzado estado de descomposición en una finca de Mariñamansa, próxima a la capital ourensana, propiedad de un conocido farmacéutico de la Ciudad de As Burgas, que se la ha cedido en arriendo a Antonio Fernández Vila, conocido como «O Marracú», un individuo plagado de antecedentes policiales y penales, quien -una vez que se ha percatado de la aparición del cadáver de «El Federal»- tratará de poner tierra de por medio, huyendo en un vapor desde A Coruña hasta La Habana, dónde un hijo suyo trabaja como camarero en un conocido hotel de la capital cubana.

En mayo de 1919 aparece el cuerpo sin vida en la finca de A Roda de Antonio Expósito, quien se había presentado ante el empresario del rastro como José López Carro. El autor de su muerte es Nicolás Rodríguez Valero, conocido como «Valentón», que era uno de sus compinches y que supuestamente habían participado en el asesinato de «El Federal». Este último hecho sangriento servirá para atar algunos cabos sueltos. Ante la Guardia Civil, Valentón declara que el arrendatario de la finca de Mariñamansa, «O Marracú» era el autor material de la muerte del empresario madrileño, la cual habría tenido lugar en el transcurso de una cena celebrada en su casa. Allí habría descargado un artilugio de hierro sobre la cabeza de José Delgado, lo que le provocaría el desgarro de la masa encefálica, depositando posteriormente su cuerpo en una mina empleada para le extracción de agua. Previamente le habrían arrebatado el dinero que portada, así como el traje que vestía.

A medida que se iban esclareciendo las circunstancias del trágico asesinato, las autoridades españolas solicitaron de las cubanas la extradición del delincuente gallego, quien sabedor de que le están pisando los talones, pone una vez más pies en Polvorosa, huyendo hacia Estados Unidos. Su familia será extraditada arribando al puerto coruñés en diciembre de 1919. Debido a todo este procedimiento el proceso judicial en su contra se alargará en demasía, produciéndose algún acontecimiento que contribuirá a que el asesinato no termine por exclarecerse como se hubiese deseado. En su huida por Norteamérica formará un pequeño grupo de delincuentes, resultando herido de consideración. Es detenido en San Francisco, siendo extraditado desde allí hasta España, llegando en los primeros días de marzo de 1924 a Ourense, tras una larga peripecia por tierras americanas

Ambos delincuentes, «Valentón» y «Marracú» se echan mutuamente la culpa del crimen que ha costado la vida a José Delgado Guzmán.  segundo de los delincuentes, quien padece una tisis aguda que terminará por segarle la vida en el año 1924. Pese a ser sometidos al tercer grado y vivir en unas condiciones de vida infrahumanas en el penal de Ourense, es muy difícil sonsacarles algo en claro a ambos energúmenos, principalmente a Fernández Vila, quien sufre constantes ataques de tos que le impiden, o eso simula, declarar en condiciones, tratando de dilatar en la medida de lo posible el proceso en su contra.

Muerte de «Marracú»

Pese a que a lo largo del año 1924 la salud de «Marracú» se va deteriorando progresivamente, y viendo el final de su vida próximo, el conocido delincuente ourensano no confesará nunca su participación en los hechos, pese a los denodados intentos del juez instructor del caso. Antonio Fernández Vila fallecerá en el penal de la ciudad de As Burgas en la jornada del 6 de diciembre de 1924, lo que provocará una decadencia en el interés del caso, siendo muchos los periodistas de Madrid y de diferentes puntos de España que se han trasladado hasta Galicia para seguir uno de los procesos judiciales más intrigantes de los últimos años.

Con su óbito, decae ostensiblemente el interés en el caso, quedando únicamente como responsable el madrileño Nicolás Martínez, «Valentón», quien -en reiteradas ocasiones- negará de nuevo su participación en los hechos. La fiscalía y la acusación particular solicitan 30 años de cárcel y una indemnización de 15.000 pesetas para la familia de la víctima. Sin embargo, el 23 de diciembre de 1924 el tribunal que juzga el caso absolverá a «Valentón» de estar relacionado con este suceso criminal, lo que producirá una gran decepción tanto en el público que ha estado pendiente del proceso, como en los hijos de «El Federal», que veían como la muerte de su padre había quedado rodeada de un gran misterio y que, debido a diversas circunstancias ocurridas en aquellos años, no había podido esclarecerse del todo.

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