Tres jóvenes muertas en la gran tragedia del voleibol gallego

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Accidente del equipo de EMEVE

Cuando se escriba la historia del deporte en Galicia y también de España el nombre del equipo lucense de voleibol, EMEVE, se reflejará en grandes titulares por la extraordinaria aportación que ha hecho en esta especialidad deportiva. Gracias a su magnífica labor, se ha conseguido popularizar un deporte en Galicia, principalmente entre las chicas más jóvenes, pese a la ardua competencia del fútbol y de la extraordinaria implantación de la que goza el baloncesto en la vieja urbe romana del noroeste peninsular. Con escasos medios, principalmente económicos, se ha convertido en toda una institución y un referente del voleibol a nivel estatal y ni que decir tiene a nivel gallego. A veces los éxitos deportivos son lo de menos, o en este caso lo demás, porque además de su extraordinaria contribución al mundo del deporte, el EMEVE -cuyas siglas responden con «El Mejor Equipo de Voleibol de España»- también cosechó grandes éxitos en las canchas. Además de ser una extraordinaria institución en el ámbito deportivo, lo más importante para quienes amamos el deporte es que es el más entrañable y el más riquiño, que solemos decir los lucenses. Y eso no nos lo quita nadie.

Precisamente cuando un grupo de jóvenes lucenses, componentes de uno de los equipos juveniles del EMEVE, regresaba de Canarias donde se había alzado con el subcampeonato de España de la especialidad la tragedia terminaría cebándose con ellas en lo que prometía ser una jornada de fiesta, tras el éxito conseguido en el territorio insular. El exceso de velocidad a la que iba el microbús en el que viajaban, perteneciente, a la empresa Autos Bernardo, fue el causante de la muerte de tres jóvenes que iban a bordo, así como heridas de diversas consideración al resto de la expedición, compuesta por un total de 16 personas, en la mañana del día 3 de mayo del año 2009.

Semivolcado

El vehículo circulaba a 105 kilómetros por hora en un tramo limitado a 40, según los datos recabados por la propia Guardia Civil de Tráfico, enfilando a excesiva velocidad una rotonda de la autovía A-54 en las inmediaciones del aeropuerto compostelano de Lavacolla. El microbús terminaría semivolcado sobre una de las vallas de protección de la mencionada vía, dejando impresa sobre la calzada una larga frenada, quedando mismo a punto de precipitarse sobre un desnivel de siete metros de altura.

Los pasajeros que viajaban al lado de la ventanilla saldrían despedidos, quedando tendidos sobre la calzada. Inmediatamente se hizo visible la gran tragedia que había ocurrido. A consecuencia del impacto fallecería prácticamente de forma instantánea Aida Cela, una joven de 17 años. Cuatro compañeras suyas serían trasladadas al Hospital Clínico de Santiago en estado muy grave. Horas más tarde fallecería en la unidad de cuidados intensivos Iris Arias, de la misma edad que su colega. Apenas un día después correría la misma suerte Patricia Xavier, de 18 años.

El resto de los integrantes de la expedición hubieron de ser atendidos en el mismo centro sanitario en el que habían fallecido dos de las jóvenes de heridas de diversa consideración. Solamente consiguieron salir ilesos del siniestro el conductor del vehículo y cuatro expedicionarios del EMEVE.

El trágico accidente tendría una gran repercusión en toda Galicia, no solamente en medios deportivos, sino también en la sociedad de la época, siendo muchas las autoridades de la época que se trasladaron hasta el centro sanitario a interesarse por el estado de los heridos. El entonces alcalde alcalde de Lugo, Xosé López Orozco, no dudaría en calificar de «tragedia» el accidente ocurrido en tierras compostelanas. A la misma hora que se produjo el siniestro otro equipo del EMEVE, en este caso de categoría masculina, se encontraba disputando la final del campeonato de España juvenil. Nada más conocerse la dramática noticia se suspendió el partido. El resultado era lo de menos.

Prisión para el conductor

Como consecuencia del grave accidente, el conductor del vehículo siniestrado en Lavacolla, Federico Ferreiro Álvarez, sería condenado a la pena de dos años y medio de cárcel, acusado de un delito de homicidio imprudente, la mitad de la pena que solicitaba el fiscal, en el juicio celebrado en el juzgado de Fontiñas, en Santiago de Compostela en marzo del año 2013. Todas las pruebas aportadas en su contra desmontarían la versión de sus letrados, quienes sostenían que el tacógrafo del microbús, principal prueba de cargo, se encontraba averiado. Además, las personas que en él viajaban cuando se produjo la tragedia testificaron la excesiva e inapropiada velocidad a la que había tomado la rotonda en la que terminarían perdiendo la vida tres personas.

La condena le inhabilitaba asimismo para conducir durante tres años. De la misma forma debía de hacer frente a una indemnización de 425.000 euros a las familias de las víctimas. Mención especial cabe hacer en este sentido la que debía satisfacer al padre de una de las jugadoras fallecidas, quien había sufrido una grave depresión como consecuencia de la muerte de su hija a raíz de la cual perdería su empleo.

Como detalle anecdótico, cabe señalar que en fechas posteriores a producirse tan desgraciado accidente, otro equipo de categoría infantil femenina del EMEVE se proclamaría campeón de España de su especialidad. Y ahí, una vez más, se demostraría la grandeza de esta institución deportiva lucense que supo reponerse a la irreparable pérdida de tres extraordinarias jugadoras, pero -por encima de todo- mucho mejores personas, que se han convertido en titulares indiscutibles en el plantel que llevan en el corazón todos los grandes aficionados al voleibol y que en Galicia no tiene otro nombre que este, EMEVE.

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