Cinco mujeres muertas y 35 heridas en un accidente de autocar en Meira (Lugo)

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Carretera Vegadeo-Pontevedra, dónde se produjo el trágico siniestro

1965 era Año Santo Compostelano y era todavía muy distinto a los ya tradicionales Xacobeos, que se encargaría de popularizar Manuel Fraga Iribarne junto a los distintos gobiernos autonómicos que presidió. En aquel entonces las celebraciones y la escasa parafernalia que existía se circunscribían tan solo al ámbito religioso. El Camino de Santiago, principalmente el francés, solamente lo hacían unos pocos a quienes muchos no dudaban en tildar de locos. Era otra historia. Las peregrinaciones solían ser en grupos, pero solían hacerse en autocar. Además de contemplar una ciudad con tanto encanto como como la vieja Compostela, a lo que realmente acudían los romeros que se dirigían a la ciudad del Apóstol era a solicitar la intercesión de Santiago en algunos aspectos de su vida o a expiar sus culpas en un tiempo en el que la religión ocupaba un lugar predominante en la vida de muchas personas.

Una de esas manifestaciones grupales con destino a uno de los grandes centros de la cristiandad la protagonizarían un grupo de alumnas de la Escuela Hogar de Hullera del Turón, perteneciente al concejo asturiano de Mieres el 18 de mayo de 1965. La peregrinación a tierras gallegas obedecía a una iniciativa de una excursión fin de curso. Un total de 40 mujeres, entre estudiantes y una asistente social. Todo parecía indicar que aquello no dejaba de ser una extraordinaria manifestación festiva, sin embargo las cosas se torcerían al adentrarse en tierras gallegas, concretamente en el municipio de Meira, uno de los próximos en el nordeste gallego a la demarcación territorial asturiana.

El autobús en el que viajaban, que estaba recientemente estrenado y era de la conocida marca Barreiros, se precipitaría por un barranco de unos 200 metros de profundidad, pereciendo cinco mujeres, todas ellas muy jóvenes, y resultando heridas de diversa consideración las otras 35 restantes que viajaban en el autocar. El conductor saldría milagrosamente ileso al agarrarse con fuerza al volante del vehículo que, junto con una parte de su carrocería, se precipitaría al fondo de un barranco. Dos de las mujeres heridas en este siniestro resultaron heridas de gravedad, aunque por fortuna sobrevivieron a tan fatal percance. Como curiosa anécdota cabe señalar que la prensa de la época definía su estado como «desesperado».

Adelantamiento

El siniestro se produjo, al parecer, en el momento en el que el autocar, perteneciente a una conocida empresa de transportes asturiana, intentó adelantar a un camión cisterna de gran tonelaje que transportaba leche. En ese momento, y debido al deficiente estado de algunas partes de la calzada, el autobús -que subía una pronunciada pendiente- orilló demasiado hacia la margen izquierda de la carretera, inmiscuyéndose en el arcén. A consecuencia de esto último, las ruedas de la parte izquierda del vehículo se fueron hundiendo paulatinamente en la tierra hasta que después de correr unos 30 metros el vehículo terminaría volcando hasta caer por un terraplén de unos 200 metros de profundidad, en el que solamente caería el conductor. Las viajeras fueron saliendo despedidas a medida que el coche daba vueltas de campana. En su caída arrastraría una gran cantidad de tierra, así como algunos pinos que habían crecido en el pronunciado desnivel.

Una de las causas a las que se achacó la muerte de las cinco viajeras fueron unas impresionantes piedras de granito que formaban una muralla que separaba dos fincas de cultivo. Al parecer, el que no hubiese habido más víctimas mortales obedeció al hecho de que se desprendió el techo del autocar tras el primer impacto, provocando que muchas de las jóvenes que lo ocupaban saliesen despedidas de su interior, evitando que falleciesen en el acto, teniendo mucha más suerte las que iban sentadas en la parte derecha que la izquierda.

Auxilio vecinal

En el momento en que se produjo el fatal siniestro pasaba por el lugar un coche patrulla de la Guardia Civil que inmediatamente se puso a disposición de las víctimas. Del mismo modo, y como ha ocurrido en muchas otras ocasiones en Galicia, la ayuda prestada por los vecinos de Meira fue fundamental, ya que se encargaron de socorrer a las heridas de la mejor forma que pudieron. De la misma manera, un autocar de peregrinos, también con personas de Asturias, se detendría en el lugar del accidente para colaborar en las labores de socorro. En él viajaban algunos religiosos, entre ellos un sacerdote, que se encargaría de prestar los auxilios espirituales a aquellas que se encontraban en peor estado.

Debido a la confusión que se vivió en un primer momento, solamente se reconocieron los cadáveres de dos de las mujeres fallecidas. Tendrían que pasar varias horas hasta que se pudo identificar a las otras tres muertas. Las heridas serían trasladadas a distintos centros sanitarios, principalmente de la ciudad de Lugo y a distintas clínicas de Ribadeo. Con el paso de los días, se iría conociendo que evolucionaban de una forma favorable de sus lesiones.

El fatal siniestro provocaría la lógica consternación en todo el área de los Valles mineros asturianos, dónde aquellas mujeres eran muy conocidas, al igual que en la provincia de Lugo y en la comarca de Meira en particular, lugar dónde se produjo el siniestro. Los vecinos encargados de auxiliar a las víctimas destacarían a la prensa la entereza que manifestaban aquellas mujeres que tan solo pretendían disfrutar de unas jornadas muy especiales en tierras compostelanas, aunque por desgracia la ilusión con la que viajaban se tornaría en una inolvidable y triste tragedia.

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