Tres emigrantes gallegos asesinados en Junín (Argentina)

Villa Talleres, lugar donde fueron asesinados tres hermanos emigrantes gallegos

La emigración gallega, como suele decirse, tuvo un poco de todo. Muchos de los que se marcharon en la primera mitad del siglo XX quedaron atrapados en la tormenta americana, sufriendo las calamidades derivadas de distintos regímenes tiránicos que llevaron a sus respectivos países a la bancarrota en la que quedaron sumidos quienes en otro tiempo habían ido en busca de una fortuna que en su tierra natal les daba la espalda.

Aquellos hombres y mujeres que se desplazaron al nuevo mundo no cabe la menor duda que con ellos llevaron también una parte importante de la tierra que los vio nacer. Gracias a ellos surgirían innumerables centros culturales y educativos que tenían una doble finalidad. Por un lado, no olvidar la profunda raigambre que los unía a su tierra, mientras que por el otro reunir los fondos necesarios para dotar de centros educativos, principalmente, a esa misma tierra que habían abandonado para ver si así, con la educación, se terminaba con la endémica emigración y las nuevas generaciones podrían disfrutar el dorado que ellos buscaban allende los mares. Su misión se cumplió a medias, aunque jamás habrá que achacarles a quienes cruzaron el océano culpa alguna, ya que ellos cumplieron sobradamente con la parte que les correspondía. Quien no cumplió fueron los gobiernos españoles de turno que durante décadas se olvidaron de Galicia, para quienes no dejaba de ser un bucólico territorio en el que se escuchaba de fondo el repicar de un gaita en el resplandor de una alborada en la que caían incesantes gotas de lluvia, conocidas como calabobos. Quizás pretendían acallar a los gallegos, pero que no les tomasen por bobos. ¿Se entiende la ironía, no?

Entre los muchos gallegos que se desplazaron a aquel prometedor continente, muchos de ellos consiguieron hacer una cierta fortuna, a pesar de las adversidades derivadas de las dictaduras que asolaron a Hispanoamérica, logrando algo más que sobrevivir porque si de algo tienen fama quienes se desplazaron a ese territorio es de ser trabajadores de sol a sol. Tal era el caso de tres hermanos originarios de la localidad lucense de Mondoñedo, en la zona interior norte de la provincia de Lugo, que llegaron a la capital argentina, Buenos Aires, en un ya lejano año de 1940, siendo todavía muy jóvenes, cuando en España se estaba sufriendo una más que feroz posguerra. Tras muchos años de esfuerzo lograron levantar su pequeño emporio que les ayudaría a vivir desahogadamente los últimos años de sus vidas, ya que disponían de nada más y nada menos que de 53 viviendas en la provincia de Buenos Aires y otras propiedades en España, dónde también residía un hermano suyo.

Muertos a golpes

Sin embargo, tras haber trabajado como hacían los gallegos regentando una panadería, a quienes algunos cubanos les denominaban en tono despectivo comemierdas, su suerte se vio truncada en su atardecer vital, cuando quizás aún sus oídos recordasen los inigualables acordes de la vieja Alborada compuesta por el también mindoniense Pascual Veiga. Los tres serían brutalmente asesinados el 13 de junio de 2005 por unos individuos que, además, les robaron, siendo conocedores sus asesinos de la buena situación financiera de la que gozaban los tres ancianos fallecidos. El medio argentino Infobae informba que los ancianos habían sido asesinados a «palazos y a fierrazos». El crimen se produjo en la calle Primera Junta, de la ciudad de Junin, en el distrito de Villa Talleres. Esta ciudad se encuentra situada en la provincia bonaerense a 260 kilómetros de la ciudad autónoma de Buenas Aires. Se llamaban Agustín, Josefa y José Villalba, contando en el momento de su óbito con 78, 82 y 84 años respectivamente. Los dos varones estaban solteros, mientras que la mujer estaba viuda y no tenía hijos.

La muerte que sufrieron fue de lo más espantoso, ya que la policía sospechó incluso si les habrían torturado para obligarles a decir donde guardaban el dinero. La cantidad robada era relativamente elevada si se tiene en cuenta el nivel adquisitivo de Argentina, ya que ascendía a 7.000 pesos, al cambio unos 1.800 euros. La policía argentina barajó otras hipótesis que podrían esconderse detrás de aquel brutal crimen, tal como alguna venganza, debido a la saña que emplearon los criminales contra tres pobres desvalidos ancianos. Esta tesis venía avalada por el hecho que los investigadores todavía encontraron 7.000 pesos que no fueron robados en la vivienda y que «estaban a la vista de cualquiera», según declaraciones efectuadas por un alto mando policial argentino.

Al llegar los cuerpos policiales se encontraron al más joven de los tres, Agustín, todavía con vida, siendo trasladado inmediatamente al un centro sanitario en el que fallecería horas más tarde. En las escasas palabras que pudo dar ante los investigadores declararía que los asaltantes se habían apoderado de «mucha plata», además de facilitar el dato que habían sido tres delincuentes los que los habían asaltado y dado muerte.

El crimen fue descubierto por un vecino de la localidad al observar que la vivienda de la familia Villalba se encontraba abierta para saber que ocurría. Nada más entrar escuchó los gemidos de dolor que daba Agustín, el único hermano que había sobrevivido a la matanza. Penetraría posteriormente en el interior de la vivienda encontrándose con el dantesco panorama de que dos de los hermanos ya se encontraban muertos, en tanto que el tercero estaba gravemente herido, además de hallar la casa completamente revuelta.

Detenciones

La policía argentina detendría a varios individuos que podrían estar relacionados con el crimen que les había costado la vida a estas tres personas oriundas de Mondoñedo. En un principio se detuvo a tres personas, de las que dos serían puestas en libertad una vez que les tomaron declaración al demostrarse que no guardaban relación alguna con el trágico suceso. El tercero en discordia sería procesado y condenado junto con otros dos individuos a quienes delató este último. Al detenido se le hallaron en su poder diferentes ropas ensangrentadas así como una gran cantidad de dinero en efectivo que supuestamente procedía del robo.

En relación con este desgraciado suceso también fue detenido un conocido curandero de la zona, ya que a él se le atribuía el hecho, de como así parece ser que fue, de haber facilitado datos e información acerca de la situación económica de los ancianos asesinados. El curandero sería condenado a ocho años de prisión por la complicidad con los asesinos.

En las jornadas en las que tuvo lugar este luctuoso suceso en Argentina, concretamente en la provincia de Buenos Aires, se había puesto en marcha la conocida como policía distrital, que tenía la finalidad de reforzar los servicios de vigilancia en muchos barrios de las grandes ciudades del país andino, dónde la delincuencia, el pillaje y el crimen campa tranquilamente a sus anchas, muchas veces escondido y amparado por los ultras del mundo del fútbol, los mundialmente conocidos Barras Bravas.

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