Un taxista de Santiago asesinado a puñaladas en Ordes (A Coruña)

Parada de taxis

A nadie se les escapa que la profesión de taxista es una de las más arriesgadas que han existido y existen. Los profesionales del volante se encuentran en muchas ocasiones con todo tipo de personas, algunas de las cuales dejan mucho que desear en cuanto a comportamiento personal. Galicia siempre ha sido uno de los lugares más tranquilos para ejercer tan digna profesión, aunque en más de una ocasión hubo que lamentar víctimas mortales. En casi todas ellas el consumo de estupefacientes estaba detrás de esos trágicos acontecimientos que consternaron de sobremanera a una sociedad, como la gallega, en la que muy rara vez suceden hechos sangrientos.

Una de esas ocasiones en las que se sobresaltó la esquina verde del noroeste peninsular por la fatal suerte de un taxista fue en la jornada del sábado, 20 de febrero de 1999, en la que José María García Corral, un profesional del taxi compostelano, de 55 años de edad, era literalmente cosido a puñaladas por uno de sus clientes, Manuel Antonio Prado Riveiro, un joven toxicómano de 25 años nacido en la localidad costera de Carnota, en el municipio de Ordes, que dista poco más de 25 kilómetros de la capital gallega.

Los hechos se iniciaron a medianoche del día de autos en la parada de taxis de la Praza Roxa compostelna, cuando el taxista fue requerido por un joven para que le llevase a Ordes, una localidad que es conocida por su marcha, aunque al parecer Prado Riveiro se dirigía a la misma con la finalidad de adquirir droga, porque se encontraba bajo los efectos del síndrome de abstinencia. El muchacho le ordenó a García Corral que tomase la calle de A Igrexa, muy mal iluminada y escasamente transitada. Era el lugar que había elegido el cliente para asaltar al taxista, libre de miradas indiscritas.

Doce puñaladas

El callejón, en el que prácticamente no había ninguna persona a esa hora de la noche, Manuel Antonio solicitó al conductor, un hombre de constitución fuerte, que le diese la recaudación que llevaba encima, después de amenazarle con un cuchillo de 20 centímetros que le había colocado a la altura del cuello. La negativa del taxista a las pretensiones del joven provocaron su enfurecida reacción propinándole al menos doce puñaladas que serían mortales de necesidad.

El agresor le asestó las asesinas cuchilladas en el vientre, tórax y cráneo, consiguiendo hacerse con un botín de unas 20.000 pesetas(120 euros actuales). En un principio llegó a ponerse en tela de juicio que el móvil del crimen fuese el robo, pues se encontraron algunas cantidades de dinero en los bolsillos de la víctima por parte del personal sanitario del Hospital Xeral de Galicia, a donde sería trasladado en estado muy grave. Llama poderosamente la atención que el taxista, que se encontraba herido de muerte, fuese capaz de salir del vehículo y dirigirse sangrando abundantemente hasta un bar localizado en las inmediaciones de la agresión alrededor de la una de la madrugada, donde ya cuando no podía más, terminaría por desplomarse. Desde allí, llamaron inmediatamente a las asistencias sanitarias para que fuese desplazado hasta el centro sanitario compostelano, donde fallecería al día siguiente como consecuencia de las heridas recibidas.

El agresor del taxista se entregaría voluntariamente a las autoridades en los días inmediatos al producirse el crimen, circunstancia esta que serviría de atenuante. En el transcurso del juicio celebrado en octubre del año 2001, Manuel Antonio Prado alegó en su descargo el hecho de que se encontrase bajo los efectos de las drogas en el momento de producirse el crimen, además de aducir que no conocía la localidad de Ordes, aunque en ella vivía una amiga suya. De la misma forma, el tribunal tuvo en cuenta la atenuante de arrepentimiento espontáneo, que sería una baza importante a la hora de imponerle una exigua pena.

El autor del asesinato sería condenado a una pena de tan solo siete años y seis meses de cárcel por el apuñalamiento del taxista y de un año y nueve meses por robo con violencia, saliendo definitivamente de prisión en mayo de 2008. Además, debería indemnizar a los familiares del conductor asesinado con 140.000 euros, aunque esta cantidad nunca la llegaría a satisfacer al ser declarado insolvente.

Embargo de bienes de los familiares del taxista

Los familiares de José María García Corral recurrieron la sentencia ante el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, quien ratificó la sentencia a que había sido condenado el autor material del asesinato del taxista. No contentos con esta decisión, apelaron ante el Tribunal Supremo en un recurso de casación, que no sería admitida a trámite por el alto organismo judicial en el año 2005. Además, se les condenaba a las costas de este proceso, lo que debido a su alto coste provocaría el embargo de algunos bienes de los familiares del taxista asesinado tras llegar a un acuerdo entre las partes, si bien es cierto que esta decisión quedaría aplazada ya que a dos de las personas a las que se les reclamaba el pago, la madre y una hermana del taxista, habían fallecido en el transcurso de este último trámite.

Apenas unos meses después de abandonar la prisión, Manuel Antonio Prado Riveiro volvería a delinquir de forma muy grave. En esta ocasión, en compañía de una mujer asesinaría a una pareja en la localidad coruñesa de Betanzos, descuartizando incluso los cuerpos de sus víctimas. Posteriormente, sería condenado a la pena de 51 años de cárcel. Este nuevo crimen indignaría de sobremanera a la familia del taxista asesinado, debido al trato que ellos recibieron de las distintas instancias judiciales que, según ellos estimaban dejó bastante que desear. La matanza en la ciudad brigantina les vendría a dar moralmente la razón sobre la el asesinato de su familiar, aunque ya de poco servía y era demasiado tarde.

Síguenos en nuestra página de Facebook cada día con nuevas historias