Siete muertos de forma misteriosa por el caso «Reace»

Antiguos depósitos de REACE en Redondela

El caso «Reace» fue un escándalo de incalculables dimensiones que afectó a la dictadura franquista en sus últimos tiempos, llegando prácticamente a salpicar a la mismísima Jefatura del Estado, pues el hermano del dictador, Nicolás Franco Bahamonde, era miembro del consejo de administración de Refinerías de Aceite del Norte de España (REACE). El fraude fue descubierto el 25 de marzo de 1972 cuando la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes(CAT), de titularidad pública, decidió disponer de aceite en una cantidad superior a la que se guardaba en los tanques, que eran alquilados por el organismo estatal, se destaparía el escándalo, pues habían desaparecido 4.000 toneladas de aceite de oliva, valoradas en 200 millones de pesetas de la época(1,2 millones de euros actuales), y con los que se pretendía intervenir el alza de los precios en el mercado.

A consecuencia de la desaparición del aceite, el director gerente de la compañía, el ingeniero vigués José María Romero González denunciaba en el juzgado el suceso. Se iniciaba así un rosario de turbios acontecimientos que tendrían en vilo a la sociedad gallega durante varios años, que culminarían con un cúmulo de inexplicables muertes, atribuidas principalmente a suicidios y accidentes fortuitos, aunque todo parece indicar que había algo más. Ni el mejor trihller americano sería capaz de superar todo el cúmulo de hechos misteriosos que se produjeron en un caso que nunca acabó de resolverse, pues cuando se estaba juzgando, había desaparecido una parte del sumario. Una vez más, la realidad supera, y con creces, a la ficción.

La primera víctima, aunque parecía que era un hecho puntual y excepcional, no lo fue tanto. Ni siquiera era colateral. El primero en perder la vida fue un taxista vigués, Arturo Cordovés Diéguez, un joven de 23 años que había sido padre de forma muy reciente. Aunque no tenía nada que ver con la desaparición del aceite, al parecer era frecuente que directivos de REACE y compradores de aceite, algunos de ellos de conserveras gallegas, alquilasen sus servicios. El hombre aparecería muerto de varios disparos en su vehículo en el barrio olívico de Alcabre en la tarde del 9 de septiembre de 1972. Según la única testigo presencial de los hechos, los tiros que acabaron con la vida del conductor fueron realizados a muy corta distancia. Se practicarían varias detenciones, siendo interrogados hasta un total de 14 sospechosos, pero sin obtener resultado alguno. El caso sería cerrado en falso.

¿Qué había visto u oído el pobre taxista para que fuese elegido como la primera víctima mortal de un hecho que todavía no se ha esclarecido completamente casi medio siglo después? Jamás lo sabremos. El humilde profesional del volante dejaba viuda y un hijo recién nacido en un mundo que tal vez se le advertía un futuro muy cruel, pues a los pocos días de vida ya era huérfano. Se dijo de forma reiterada que el móvil de este asesinato había sido el robo, pese a que se encontró su monedero prácticamente intacto.

Tres muertes violentas en Sevilla

No había pasado un mes de la muerte del taxista vigués cuando, el 30 de septiembre de 1972, en su domicilio de la sevillana calle de Monzón aparecían muertos los tres miembros de una misma familia, presentando todos ellos heridas de arma de fuego. Las víctimas eran en esta ocasión José María Romero González, quien había sido director gerente de REACE, y que hacía muy poco tiempo se había trasladado a Sevilla; su esposa, e hija de 21 años, una joven estudiante de arquitectura.

El régimen quiso presentar este aterrador suceso, que conmovió tanto a la sociedad sevillana como a la viguesa, como un caso que hoy entenderíamos como violencia de género. Sin embargo, algunos investigadores pusieron muy pronto en duda la veracidad del suceso. La esposa y la hija de Romero González habían aparecido muertas en una misma estancia del piso en el que residían, en tanto que el cabeza de familia fue hallado en otra distinta. Incluso, desde diversos medios de la época, se quiso acallar la posibilidad de que se tratase de algún ajuste de cuentas o evitar que se supiese más información sobre el caso en el que supuestamente estaría involucrado el hermanísimo de Franco.

Para acallar las voces críticas, la prensa oficial facilitó una información en la que se decía que en el hogar en el que residían las tres personas fallecidas eran muy frecuentes los altercados y las disputas familiares. Los cuerpos de las tres víctimas serían hallados un par de días después por la policía, quien -al parecer- habría sido alertada por el vecindario de la ausencia de sus vecinos. En el domicilio se encontraron algunos cosas que podrían inducir a muchas sospechas. Así, los cables del servicio telefónico habían sido convenientemente cortados, las ventanas estaban herméticamente cerradas y las ranuras de las puertas estaban selladas con papeles de periódicos.

Además de denunciar ante el juzgado la desaparición del aceite, en el verano de 1972 Romero González había dado cuenta también a las autoridades judiciales de una orden que el consideraba «absurda», emanada del consejero delegado de Reace, Isidro Suárez Díaz-Moris, consistente en rellenar los depósitos destinados al aceite de agua potable natural.

Muerte en la cárcel de Vigo

El cúmulo de extrañas muertes no terminaría con la de la familia de José María Romero González, sino que año y medio después de la tragedia ocurrida en Sevilla fallecía en la prisión de Vigo el 5 de abril de 1974 Isidro Suárez Díaz-Moris, antiguo consejero delegado de REACE y uno de los principales encausados en la desaparición del aceite de los tanques de Redondela. La causa oficial de su deceso fue atribuida a una intoxicación con monóxido de carbono procedente del calentador de las duchas.

Según esa misma información, en las vísceras del cadáver del antiguo responsable de la arrendataria aceitera se habrían encontrado restos del gas tóxico. Esta misma versión apuntaba en que Isidro Suárez habría fallecido al perder el conocimiento como consecuencia de la caída que le provocó la ingestión de monóxido de carbono. Posteriormente, se habría golpeado la cabeza contra un saliente de la ducha, lo que unido a la intoxicación que estaba sufriendo le habría provocado la muerte. Lo raro de todo es que no lo hubiesen visto otros presos.

Apenas dos semanas más tarde de la muerte de Díaz-Moris, el 20 de abril de 1974, fallecía asesinado en su despacho de Vigo el conocido empresario gallego Antonio Alfageme del Busto. En este caso su asesinato fue atribuido a un «problema de faldas» con su agresor, Francisco Rodríguez Rodríguez, pues al parecer cortejaba a la esposa de este último. Sin embargo, son muchos los que relacionan la muerte del conservero gallego con el caso «Reace».

Muerte del administrador concursal

Cuando empezaban a apagarse los ecos del llamado caso «Reace», era encontrado en su despacho de la calle Buenos Aires de Vigo el 7 de diciembre de 1977 el cadáver de la persona que se había ocupado de la administración concursal de la empresa, Luis Mañas Descalzo, de 53 años de edad. Con su óbito se cerraba prácticamente toda una cadena de posible información para esclarecer el hecho, pues el fallecido era empleado de REACE con anterioridad al descubrimiento del escándalo. Su deceso fue atribuido a un suicidio. Por aquel entonces también estaba muy reciente la muerte por causas naturales del hermano del dictador, Nicolás Franco Bahamonde.

Con motivo del fallecimiento de este último, se recordaba en Vigo un episodio pintoresco ocurrido hacía muy pocas fechas por aquel entonces. El mismo habría tenido como protagonistas a la esposa e hijos de Mañas Descalzo, quienes habrían arrojado ácido corrosivo sobre la cara de una mujer, quien fallecería en septiembre de 1977 como consecuencia de un proceso bronquial.

El caso «Reace» mantuvo en vilo a la opinión pública gallega y española de la segunda mitad de la década de los setenta del pasado siglo. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en cualquier película de suspense, aquí jamás se llegó hasta el final y nunca se supo lo que realmente había ocurrido con el aceite que se guardaba en los desmantelados silos de Guixart, en el término municipal de Redondela.

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Varios muertos en el peor temporal del siglo XX

Al ver el titular más de uno pensará que se refiere al famoso ciclón «Hortensia», que barrió literalmente Galicia en la jornada del 4 de octubre de 1984. Es cierto que aquellos tremendos vientos huracanados sembraron el temor y el pánico entre los gallegos. Ahora bien, en aquel entonces se avisó a la población a fin de evitar que el caos y la tragedia se apoderasen de las cerca de tres millones de almas que poblaban el noroeste peninsular. Sin embargo, hay otra fecha marcada en rojo en los calendarios de los fenómenos naturales que se aproximaron a Galicia a lo largo del último siglo del segundo milenio que ha quedado relegada al olvido, no sabemos si intencionadamente, pero que nunca o prácticamente nunca aparece reflejada en los distintos medios de comunicación.

La fecha a la que nos referimos es la del sábado, 5 de febrero de 1972. En la tarde de aquella fatídica y terrible jornada varias personas perecieron a consecuencia de un temporal mucho más dañino y mortífero que el famoso «Hortensia» pero mucho menos mediático, o al menos ha pasado al baúl de los recuerdos en donde duerme su sueño eterno. Tal vez fuera porque se trataba de otros tiempos en los que no había los avances que ya se registraban en la década de los ochenta, lo cierto es que aquel temporal pilló desprevenidos a la práctica totalidad de la población gallega de la época, que asistieron impasibles a la destrucción de algunas de sus más importantes fuentes de riqueza que quedaron al albur de uno de los fenómenos meteorológicos más terribles que han ocurrido en el siglo XX en Galicia.

El territorio más afectado por los efectos de aquel tremendo temporal fue la provincia de Lugo que tuvo que soportar vientos huracanados que alcanzaron una velocidad de 170 kilómetros por hora en su interior, según el registro efectuado en el centro instalado en la localidad de Castro de Rei, en el interior de la provincia, en plena comarca de Terra Chá.

Veinte heridos muy graves

Por lo que se comentaba con anterioridad, tal vez porque se vivía de otro modo a la sazón de ser otra sociedad muy diferente a la de tan solo una docena de años más tarde, además de vivir todavía en una decadente dictadura, apenas se facilitaron datos reales sobre lo que realmente había acontecido. A todo ello se unían unas deficientes infraestructuras en todos los campos que contribuyeron muy decisivamente a acallar lo sucedido. Se sumaba también la carencia de medios de comunicación que informasen puntualmente de unos devastadores acontecimientos que apenas han dejado su huella 47 años más tarde.

Se sabe, por informaciones periodísticas de diarios editados en Madrid, que solamente en Lugo capital hubo un total de veinte personas heridas de gravedad. Si bien es cierto que no hay constancia de la evolución de las mismas, ya que la noticia no tendría una rigurosa continuidad periodística como tienen hoy en día, a lo que hay que añadir la férrea censura que practicaba la dictadura con hechos que pudiesen ir en contra de sus intereses o deteriorasen su imagen. En la misma capital lucense fallecería un hombre en la misma tarde del temporal cuando se disponía a arreglar algunos desperfectos que le había ocasionado el viento en el tejado de su vivienda.

La cifra de muertos nunca se ha podido precisar con exactitud, pues en aquellos tiempos era muy complicado saber cuantos accidentes se registraron provocados por el temible ciclón. Examinando distintos medios de comunicación impresos de aquel tiempo se puede hacer un cálculo aproximado de que unas diez o más personas podrían haber perdido la vida a consecuencia de un temporal que ha quedado en el olvido.

Aunque todavía no eran muy frecuentes las comunicaciones telefónicas, las provincias de Lugo y Ourense quedarían incomunicadas durante varios días, al ser dañadas las instalaciones en ambas provincias. De la misma forma, el suministro eléctrico también sufriría una de las peores crisis de su historia, ya que durante un largo fin de semana no hubo luz eléctrica en la capital lucense ni tampoco en la gran mayoría de los municipios, siendo especialmente afectados los del norte y el litoral, donde las embarcaciones hubieron de permanecer amarradas varios días por temor a un nuevo temporal similar al de la tarde de aquel sábado del mes de febrero.

«El Progreso» no se publica

Una idea de la magnitud de aquellos hechos fue que el diario lucense «El Progreso» faltaría a la cita diaria con sus lectores, por vez primera en los 64 años de historia con que contaba en aquel entonces, en la jornada del domingo, 6 de febrero de 1972. La falta de energía eléctrica fue la principal responsable de que el único diario que se editaba en Lugo no estuviese en la jornada dominical en los quioscos.

Durante toda la noche y la madrugada que siguieron a la tarde de aquel terrible temporal varias dotaciones de bomberos de la capital lucense recorrieron toda la ciudad derribando algunos elementos que habían sido movidos por el viento a fin de evitar desprendimientos que terminasen en tragedia. Según los medios informativos anteriormente aludidos, prácticamente todos los inmuebles de la ciudad de Lugo sufrieron, de una manera u otra, los efectos de un devastador temporal que convirtió al área nordeste de Galicia en un auténtico y verdadero infierno.

En otro de los lugares donde se palparon las consecuencias de aquel espantoso ciclón fue en el parque lugués de Rosalía de Castro, lugar en el que el viento derribó varios árboles, algunos de los cuales contaban ya con más de medio siglo de historia. De la misma forma, a lo largo y ancho de toda la geografía lucense era frecuente contemplar chimeneas y árboles derruidos por el viento, además de centenares de postes de luz lo que explica la falta de abastecimiento eléctrico en las jornadas posteriores.

El principal sector de la economía del interior de Lugo, el agropecuario, sufriría muy directamente las consecuencias del arrasador ciclón. Las distintas fuentes informativas a las que se ha accedido cuentan que centenares de granjas, principalmente de pollos, fueron pasto de los vientos, pereciendo una gran parte de los animales al quedar aplastados en las instalaciones en las que se guarecían. Igualmente también la ganadería padecería unas duras consecuencias, ya que los agricultores de Terra Chá y Ribeira Sacra se calcula que perdieron más de la mitad de sus existencias de heno y paja, teniendo en cuenta que todavía faltaban casi tres meses para la llegada de la primavera y así poder dejar pastar libremente en campos y prados.

Pero, aunque no en toda la provincia, al viento se sumó la nieve en las zonas de montaña. De hecho, un grupo de universitarios compostelanos se vería atrapado en una descomunal nevada a las dos horas de salir del albergue de Piedrafita. Al parecer, aunque parezca un poco exagerado, en algunos tramos la nieve llegó a alcanzar varios metros de espesor. Mientras, en el noroeste de la provincia de Lugo media docena de vehículos quedaron atrapados en la Serra da Gañidoira, teniendo que abandonarlos sus propietarios hasta que pasase el temporal de nieve, al que se sumaba el viento.

Nunca hubo una estimación oficial de los daños ocasionados por aquel inhóspito huracán que arrasó la provincia de Lugo en la tarde de un ya lejano sábado del año 1972, en plenos estertores del franquismo. Se sabe que las pérdidas en los distintos sectores podrían superar tranquilamente los cien millones de pesetas de la época. Una estimación hecha por la Hermandad de Agricultores y Ganaderos cifraba las pérdidas en este sector en unos diez millones de pesetas de aquel tiempo.

Distintos entes y organismos, ninguno de ellos oficial, solicitaría la declaración de «zona catastrófica». Sin embargo, su petición caería olvidada en el baúl de los recuerdos del régimen franquista, al igual que cayeron otros tantos reclamos de una provincia pobre y deprimida que nunca contó con mucho aprecio de los distintos gobiernos centrales. Eran otros tiempos. Pero en esto tampoco se ha cambiado.

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